lunes, 16 de octubre de 2017

Celeste 65. José C. Vales.



Llegó Celeste 65, y había que leerla. Esta vez no he dejado pasar el "boom". Tras "El pensionado de Neuwelke" y "Cabaret Biarritz" (ganadora del Premio Nadal en 2015), tan distintas entre sí, tenía curiosidad por saber el sendero por el que continuaría el escritor zamorano  José C. Vales. Basta abrir el libro ("Los pecados estivales 2") para averiguarlo e intuir que se avecinaban horas de diversión, como así ha sido.

Nos encontramos a mediados de los sesenta. Conocemos a Linton Blint, un hombre amargado al que ya siendo pequeño le dejaron claro que nunca llegaría a ser nadie. Su debilidad mental, su falta de carácter e inoperancia social hacen de él un auténtico incompetente. Por eso decide hacerse entomólogo, pues parece que los insectos son seres ajustados a su personalidad. Su psiquiatra, la doctora Val,  de labios freudianos y rodillas francesas, lo achaca todo a un terrible suceso de la infancia del que fue testigo. Tampoco supone consuelo alguno para nuestro protagonista la convivencia con su esposa Laurine y la tía Mildred, que huele a muerto y parece descomponerse en vida. A todo ello se suma el despido de Linton ante el grave acciedente que tiene lugar en el St Christopher College. 

Dadas todas estas circunstancias (y alguna más), Linton se ve obligado  a huir de Inglaterra. Se convierte en Nigel y viaja a Niza, donde en pleno verano se encontrará con lo mejor de lo mejor de la sociedad de la época. Allí conocerá a Celeste Levv, sobrina de un famoso anticuario judío que va a Niza para adquirir varios objetos en una subasta. Celeste es alegre, inteligente, muy vitalista, y  acompañará a Nigel en sus andanzas por Niza.

Nuevamente he disfrutado con esta hilarante novela. Raro es el capítulo que no te arranca una sonrisa ya en su primer párrafo (eso si no lo hace antes el nombre del capítulo en sí), y si tenemos en cuenta que los capítulos son muchos, muy breves, y que se suceden casi sin darte cuenta...la diversión está asegurada en todas sus páginas. Ha sido un placer asistir de nuevo a esta ejercicio de ingenio, de humor inteligente, ironía y sátira característicos del escritor,  donde todos reciben: escritores (poetas incluidos), lectores, el panorama cultural,  la sociedad en general...

Una vez más el desenlace de la novela queda en segundo plano, porque es la estancia en Niza, en ese inolvidable Hotel Negresco, donde disfrutaremos viendo a Nigel salir poco a poco de su aletargamiento social ante la presencia, por ejemplo, de Grace de Mónaco, y es que Celeste 65 está llena de guiños y referencias cinéfilas (¡My fair lady!), musicales y literarias (incluso a sus trabajos anteriores).

En definitiva, lo último de José C. Vales me ha gustado más que lo anterior (pero no más que El pensionado,  que soy una sentimental). Una novela divertida, original y con banda sonora propia. Muy recomendable.



viernes, 13 de octubre de 2017

#28 Pasen, lean, sientan y vean: ¿Eres humano?.



Hace una semana llegaba a las pantallas Blade Runer 2049. Sucede que, como en otros ejemplos del género, esta película nace bajo la alargada sombra de su predecesora, Blade Runner, la adaptación del clásico de Philip K. Dick. Y bueno, aunque no tiene el efecto sorpresa ni el impacto de la primera, Blade Runner 2049 me ha parecido de una belleza visual apabullante y, con matices, todo un regalo para los sentidos. Sin embargo, la generalidad tiende a ser feroz con ella. ¿Os suena? Parece que la historia se repite...

A colación de este estreno surge un tema recurrente en la ciencia ficción: el límite entre lo artificial y lo natural, cuando los replicantes se preguntan por el sentido de su existencia, se descubren teniendo sentimientos, capaces de disfrutar viendo caer la nieve o sintiendo la lluvia en la piel. Se muestran más humanos que los individuos. La creación acaba superando al creador,  que, a su vez,  se muestra como sonámbulo deshumanizado al borde de un precipicio vital y apocalíptico. Y entonces surge la pregunta: ¿qué nos hace humanos?

Para saberlo, en la película original se recurre a un test de referencia, el test de empatía llamado Voight-Kampff. Se dice que para el referido test,  Philip K. Dick se inspiró para su novela en el creado por Alan Turing, el conocido test de Turing, la prueba de fuego de la inteligencia artificial, el que dilucida si un ordenador puede pensar, si estás interactuando con un ser humano o con una máquina.

Sin embargo, hay una diferencia sustancial entre ambos. El de Dick se basa en la empatía, y el de Turing en la inteligencia, por lo que parece más probable que el autor siguiera la estela del experimento de asociación de palabras del psiquiatra Carl Gustav Jung (ese en que a la persona se le dicen una serie de palabras-estímulo a las cuales debe responder con la primera asociación que venga a su mente).


Alberto Ibort, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, me hizo reflexionar sobre todo esto recientemente, al preguntarse en un artículo si era posible medir la "humanidad" de determinados entes, ya que viceversa sí ocurre. Sí, amigos,  algunas máquinas miden nuestra condición de humanos en gestos habituales como, por ejemplo, introducir en una web un código CAPTCHPA (Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart). Da que pensar...

Y tú... ¿Te habías parado a pensar en ese gesto cotidiano? ¿Piensas que llegará el día donde la realidad supere la ficción? ¿Crees que el vecino de arriba y el panadero son replicantes? ¿Eres humano? ¿Sueñas con mascotas eléctricas?  Os dejo este temita de fondo para reflexionar. Feliz Viernes. 

martes, 10 de octubre de 2017

Decíamos ayer... De Profundis. Oscar Wilde.

"También tengo que aprender a ser feliz. Antes sabía serlo o creía saberlo por instinto. En mi corazón reinaba siempre la primavera, la alegría de vivir era pareja de mi temperamento. Como se llena una copa de vino hasta los bordes, colmé yo  mi vida de placeres. Ahora me acerco a la vida con una visión completamente nueva, y a menudo me será muy difícil concebir tan solo la felicidad."




Oscar Wilde (1854-1900) se encontraba en los más alto allá por 1895. Casado con Constance Lloyd, con dos hijos, social y literariamente muy bien posicionado, parecía que había alcanzado el techo de la felicidad, pero no fue así. En 1891 conoció al hijo del Marqués de Queensberry, con quien trabó una amistad demasiado íntima. Posteriormente, el Marqués le tachó de sodomita, y abrió un proceso contra Wilde, lo que llevaría a este a ingresar en la prisión de Reading durante dos largos años.

Es allí donde el autor  escribe a Bosie (Lord Alfred Douglas),  haciendo balance de su vida y de lo sucedido, y es en ese momento cuando el lector se convierte en testigo de su personal y dantesco descenso a los infiernos. Nace así "De Profundis", obra póstuma denominada inicialmente "Epistola in Carcere et Vinculis".

Despojado de su familia, de su nombre, de su posición y de su éxito, el escritor reflexiona sobre su obsesión por Bosie, una obsesión que le llevó a olvidarse de su incondicional mujer e hijos. Wilde se muestra vulnerable y sensible ante el conquistador, caprichoso y embaucador lord. El lector se siente impotente presenciando cómo tropieza con la misma piedra una y otra vez, cómo perdona todo oprobio, engaño y abuso en tan lamentable relación. Wilde es ninguneado, abandonado ante la enfermedad, es víctima del brutal maltrato psicológico al que es sometido; fue víctima permanente de la ambición y del egoísmo del deletéreo amante Bosie, un joven inmaduro cegado por el odio que no solo abandonó a Wilde en los malos momentos, sino que siguió aprovechándose de él al hacer públicas las cartas que aquel le escribía. Pese a ello, el autor tan solo invita a la reflexión, sin odio alguno entre sus letras.

De profundis es el balance de una vida, el arrepentimiento de los errores cometidos, la necesidad de expiación y de empezar de nuevo, de ser feliz y sobreponerse a los acontecimientos, y es que en esa soledad entre cuatro paredes Wilde ve destellos de luz, de esperanza. Se adentra en la espiritualidad y descubre la figura de un Cristo humano a través de su propia experiencia, sobre lo que reflexionará en profundidad.

El escritor comienza a pensar que tanto sufrimiento le ayudará a reconstruir  su vida y encontrar la paz en un nuevo camino presidido por la humildad, despojado de todo materialismo. Ve nuevas posibilidades en el arte y en la vida en general, tiene nuevos propósitos, propósitos que, lamentablemente, no llevó a cabo cuando, arruinado al salir de la cárcel, intentó llevar una nueva vida con un nuevo nombre en París... pero no pudo ser. Murió el 30 de noviembre de 1900 a causa (al parecer) de una meningitis.

Un libro conmovedor cargado de reflexiones donde el lector se adentra en el alma torturada del escritor, donde no quedarás indemne tras la lectura, donde llegas a sentirte como un intruso por la intimidad revelada. Estamos ante una lectura inolvidable; en mi caso,  fruto de una conversación casual con mi socia en la que acordamos leerlo y comentarlo juntas (hasta ahora solo había leído fragmentos). Imprescindible (a ser posible, con una traducción decente).

"Ya he dicho que tras el dolor siempre está el dolor, pero es mejor decir que tras el dolor siempre hay un alma,  y burlarse de un alma torturada es una cosa horrible. La vida de quién tal hace no puede ser hermosa."



martes, 3 de octubre de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami.



Hiromi Kawakami  (Tokio, 1958) estudió Ciencias naturales  y fue profesora de Biología, hasta que publicó su primera novela. Sus trabajos han recibido numerosos premios literarios. Este es el primer libro suyo que leo.
Tsukiko tiene 38 años. Es una mujer solitaria e independiente. Frecuenta una taberna al salir del trabajo, donde come siempre algo antes de volver a casa. Ella es quien nos cuenta que un día se encuentra allí a su profesor de japonés del instituto, actualmente bien entrado en la tercera edad. Él la reconoce, pero ella casi no lo hace, pues no le entusiasmaban sus clases ni guardaba ningún recuerdo significativo de él. A partir de ese día, comenzarán a coincidir con frecuencia, compartirán su soledad y nacerá entre ellos una relación muy especial.

Tsukiko nunca llama al profesor por su nombre (Harutsuna), le llama "maestro". Entre ellos surge una especie de pacto tácito: no intercambian los teléfonos, no quedan ningún día ni a ninguna hora en concreto, pero se buscan cuando acuden a la taberna. Allí comen, beben, hablan de todo y de nada. Cuando Tsukiko acude a la taberna y no se encuentra con él, lo echa de menos. Nuestra protagonista va notando cómo el maestro empieza a estar presente en su cabeza y en su corazón, pese a la diferencia de edad (unos treinta años) y lo serio, distante y chapado a la antigua  que es. Sin embargo, él parece, a priori,  no vivir la relación que tienen del mismo modo que ella...

Compré este libro hace unos seis años, cuando estaba editado por Acantilado (ahora por Alfaguara), pero no ha sido hasta hace relativamente cuando lo he leído. Estamos ante una novela que no puedo recomendar a todo el mundo. De hecho, a día de hoy todavía ando procesándola,  pues hay momentos en los que la decepción me ha podido, los diálogos no me parecían creíbles y la historia casi no avanzaba, por no hablar de que la gastronomía japonesa, que no solo no me gusta, sino que me da grima, y aquí está muy , pero que muy presente. No obstante, hay otros momentos en los que algunos acontecimientos y el estilo poético de la narración me han conmovido (especialmente la parte final).

Es una novela pausada y, en cierto modo, algo contenida, que cuenta más entre líneas, va más allá de las palabras. No hay romanticismo ni azúcar, sino gestos imperceptibles, cotidianos,  soledad y sabores compartidos. Nada es idílico, tampoco los personajes, que se muestran muy naturales e imperfectos, alejados de estereotipos, como la historia en sí (algo que me ha encantado, por cierto).  Tsukiko es inconformista, poco femenina en su estilismo, llena de manías y rarezas.  El maestro anda encorvado, nunca se separa de su maletín, las arrugas ya protagonizan casi todo su cuerpo. Es un hombre tradicional, algo seco y arisco.

La literatura japonesa no está muy presente en mis lecturas, y eso ha podido influir en que no haya sabido llegar al tesoro que encierra esta historia. El cielo es azul, la tierra blanca tiene una adaptación manga y otra cinemátográfica y, hablando de cine, me ha resultado inevitable pensar en la película "Lost in translation", curiosamente una de mis favoritas, y digo curiosamente, porque ni de lejos me han gustado por igual pese a las similitudes.

Llegados a este punto, solo puedo repetir lo dicho unas líneas más arriba. No puedo recomendarla. Tampoco no hacerlo. La decisión es vuestra.

martes, 26 de septiembre de 2017

Prosas reunidas. Wistawa Szymborska.

"Soy una persona anticuada  que cree que leer libros 
es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado."



Confieso que, hasta que no le dieron el Nobel, no supe quién era Wislawa Szymborska (1923-2012). Destacó especialmente como poeta y fue a través de la poesía como me ganó como lectora, pero también es autora de numerosos ensayos. La editorial Malpaso ha editado en un volumen sus textos en prosa, y decidí que no había mejor forma de seguir adentrándome en sus letras. 

Prosas reunidas acoge las reseñas, sus "lecturas no obligatorias" que la autora fue publicando en distintos medios durante décadas. Los textos abarcan diversidad de temas: literatura, cine, antropología, historia...Difícil resumirlos o hablar de todos ellos aquí, difícil abarcar esa pluralidad que obedece a su "placer de acumular saberes innecesarios", pero sí que me gustaría destacar los que más me han gustado, como es el caso del artículo sobre Hans Christian Andersen y la importancia de asustar en la literatura infantil, o sobre el Cid y la exageración de la enemistad con los moros. 

Szymborska también habla de forma de cuestiones curiosas, como el calendario como libro, como el mayor best seller (un articulo muy ocurrente este),  la moda del "DIY" (Do It Yourself) que ya existía entonces, la naturaleza de los sueños, o de personalidades como Ella Fitzgerald, Thomas Mann, Alfred Hitchcock o Donald Spoto.

Es un libro que he tenido en la mesilla de noche durante meses, porque iba intercalando su lectura con otras. Iba leyendo sus artículos, breves en su mayor parte, y en muchos casos ampliaba información al tratarse de temas o títulos que desconocía. Me quedo sin duda con la ironía, la sencillez y a la vez profundidad con la que se adentra en las diferentes reflexiones. Se trata, en definitiva (y aquí la faja del libro sí se ajusta a la realidad) de un tributo al placer de la lectura muy recomendable.

martes, 19 de septiembre de 2017

4 3 2 1. Paul Auster.

"Uno recibe un beso, otro un puñetazo, o si no alguien asiste al entierro de su madre a las 11 de la mañana del 10 de junio de 1857 y en el mismo momento, en la misma manzana de la misma ciudad, una mujer coge en brazos por primera vez a su hijo recién nacido. El dolor de una persona acaeciendo al mismo tiempo que la alegría de otra,  y a menos de ser Dios, que debía estar en todas partes y ver lo que pasaba en todo momento, nadie podía saber que esos acontecimientos estaban ocurriendo a la vez y mucho menos el hijo de luto y la madre feliz. ¿Era por eso por lo que el hombre había inventado a Dios?"



4. La madre de María no esperaba quedarse embarazada por tercera vez a estas alturas de su vida y con dos hijos ya en el mundo,  pero acogió la noticia con la ilusión propia de una primeriza. Sin embargo, cuatro meses después de la noticia, no se resistió al impulso infantil de querer demostrar que podía montar perfectamente en la bici de su hijo de 11 años. María no llegó a ver la luz de este mundo.


3. La madre de María no esperaba quedarse embarazada por tercera vez a estas alturas de su vida y con dos hijos ya en el mundo,  pero acogió la noticia con la ilusión propia de una primeriza. María creció y se dejó deslumbrar por la magia de los libros. Pasaba las horas en su cuarto sumergida en miles de historias. Un domingo, a la hora de comer, su padre la llamó a la mesa, pero estaba tan concentrada en la lectura que no escuchó. Como castigo a la supuesta desobediencia, su padre tiró todos sus libros. Aquel trágico incidente tuvo consecuencias para María, que desarrolló un persistente, anormal e injustificado miedo a los libros. No volvió a acercarse a ninguno.

2. La madre de María no esperaba quedarse embarazada por tercera vez a estas alturas de su vida y con dos hijos ya en el mundo,  pero acogió la noticia con la ilusión propia de una primeriza. María creció entre libros, una pasión que fue en aumento conforme iba cumpliendo años. En la treintena descubrió a un escritor llamado Paul Auster. Sus libros despertaron su curiosidad, así que seleccionó dos títulos para conocer su obra: "Viajes por el Scriptorium" y "Mr Vértigo". No volvió a leer nada más de él.

1. La madre de María no esperaba quedarse embarazada por tercera vez a estas alturas de su vida y con dos hijos ya en el mundo,  pero acogió la noticia con la ilusión propia de una primeriza. María creció entre libros, una pasión que fue en aumento conforme iba cumpliendo años. En la treintena descubrió a un escritor llamado Paul Auster, un par de sus títulos fueron más que suficientes para caer presa de sus letras y seguir leyendo sus novelas.

En 2017, publicó "4321", una novela sobre los cuatro posibles destinos de su protagonista: Archie Ferguson. Cuatro opciones, cuatro vidas, entre las cuales solo una tiene verdaderamente lugar (como irá descubriendo el lector). Sin trucos. Sin trampas para el lector (Auster no necesita recurrir a ellas). Un recorrido con un broche final perfecto en el que, tras un episodio común  para todos los destinos posibles, acompañaremos a Ferguson durante los primeros veinte años de su vida (más o menos), con la historia de la Norteamérica del S. XX como telón de fondo.

Con pinceladas de humor inesperadas para María y, sin incurrir en lo repetitivo que cabría esperar  en un ejercicio literario tan arriesgado, seguimos a Archie en sus diferentes recorridos vitales que se van desarrollando de forma diferente (aunque con similitudes) según las decisiones que va tomando tanto él como los miembros de su familia.

4321 es una novela salpicada de música, literatura (maravilloso el momento en que el protagonista descubre "Crimen y Castigo" o "La Odisea") y amor por las letras. Una novela impregnada de la propia esencia de su creador,  reflexiva,  con la eterna pregunta flotando entre sus páginas: "¿Y si....?", un tema presente en la literatura y en el cine, que no lo ha descubierto Auster, no, pero sobre el que nadie más escribe como lo hace él.

A María le costó mucho despedirse de Ferguson. Cerró una puerta, pero abrirá otras a lo largo del invierno de su vida...


FIN


martes, 12 de septiembre de 2017

Lobo negro. Nick Jans.


 Bajo el lema de Thoreau, "todo lo bueno es libre y salvaje", la editorial Errata Naturae presenta la colección "Libros Salvajes", compuesta por títulos que hablan sobre la naturaleza y lo indómito, sobre ecología y conciencia social, mostrando que otras formas de vida son posibles en este planeta que todos compartimos. Dada mi fascinación por los lobos, devoré  este libro en poco más de un día. Como se puede deducir de esto y de la portada, estamos ante un libro que requiere cierto interés por los animales salvajes en general y por el lobo en particular. Hecha esta advertencia, os adelanto que me ha encantado.

Nick Jans siempre se sintió atraído por el lado más extremo de la naturaleza. Siendo joven creyó que ser cazador era la única opción para estar en contacto y ganarse la vida en ese ambiente, pero la primera vez que cazó un lobo, su conciencia se tiñó de una sensación permanente de recriminación, por lo que cada vez se fue limitando más a observar, hasta que abandonó la actividad definitivamente. 

Ya adulto, el aventurero, fotógrafo y escritor se mudó con su mujer a un barrio en las afueras de Juneau, capital de Alaska; un paisaje definido por lobos, osos y demás variedad de fauna salvaje. Después de realizar numerosos avistamientos de lobos, un lobo negro apareció a las puertas de su nueva casa, algo nada habitual, incluso en Alaska. Nick se dio cuenta de que no buscaba ni aceptaba comida, solo quería jugar y disfrutar de la compañía de los perros y humanos del lugar.


Es a partir de aquí cuando Nick comparte con el lector, en una especie de diario, su experiencia y la reacción de los habitantes del pueblo, puesto que la aparición de Romeo (con ese nombre bautizaron al lobo) no fue un episodio aislado, con los problemas que ello implicada a nivel institucional, de los habitantes y del propio lobo, que había encontrado en el lugar numerosos senderos trazados por el hombre que facilitaban su supervivencia con el mínimo esfuerzo.

 La ambientación en un lugar tan idílico, las fotografías que complementan la historia y seguir la trayectoria de este peculiar animal son las principales razones por las que he disfrutado mucho de este libro. Normalmente, un lobo pertenece a una manada, pero hay casos de "lobos solitarios" y el de Romeo es uno de ellos. Sin embargo, el franquear a diario la frontera entre la civilización y lo salvaje, jugándose la vida, para estar cerca de animales domésticos y humanos lo convierte en algo inaudito y digno de estudio por parte de biólogos y etólogos, como así fue. Y bueno, para ser testigos y entender mejor lo que sucedió, pues hay que leer el libro. Cuando me quise dar cuenta, Romeo ya se había hecho un hueco en mi corazón. Un "libro salvaje" muy recomendable.


viernes, 8 de septiembre de 2017

Epístola del viernes (11) : Paul Auster.





Estimado, querido y admirado Sr Auster:


Ya le dediqué unas palabras en 2013. Hacía tiempo que no escribía una de estas epístolas (no públicamente), y bueno, no había mejor ocasión para repetir. Siete años bien lo merecen (siete años sin contar su diario y su informe, claro). 

Por fin llegó "4321", y no solo nos ha deleitado usted con un novelón sobre el que me costará mucho hablar aquí cuando toque, sino que nos ha regalado múltiples apariciones y entrevistas, con numerosas reflexiones a sumar a las que muchos de sus lectores atesoramos desde hace tiempo. Bendito aquel desayuno de una mañana cualquiera que le inspiró. 

El tiempo invertido en su última novela le ha llevado a sufrir casi un colapso al terminarla. Tuvo usted que agarrarse a la pared para no caer. Pues imagínese yo al saber que ya estaba en camino, cómo ha sido la espera hasta tenerla en mis manos. Leerla en septiembre (una tradición que usted me ha permitido cumplir de forma muy especial este año), y leerla en el silencio de algunas madrugadas... ¿Sabe? Tengo la costumbre de dejar de leer, al menos, treinta minutos antes de empezar mi jornada laboral. ¿Por qué? Porque hace unos años acabé una de sus novelas diez minutos antes de entrar a trabajar. No pude contener las lágrimas y me fue imposible concentrarme, me costó la misma vida salirme de la historia y volver al mundo real. Desde entonces tomo esa "precaución".

 Es uno de los contadísimos escritores (no más de tres) que tiene ese efecto en mí: hacer que,  al parar de leer, necesite unos segundos para volver a la vida y recordar dónde estoy. Son solo unos segundos, puede que menos, pero es una sensación indescriptible y mágica.

Vuelvo a caer presa de su forma de concebir la vida, su sensibilidad, el reparar en esos detalles en los que no todo el mundo repara. Se emociona al pensar que comenzó a escribir este último título a la misma edad en la que falleció su padre, y vuelve a plasmar, en cierto modo, sus propias experiencias en sus obras. "Igual no soy un novelista, igual soy un contador de historias", decía usted el martes pasado. Aplaudo su modestia, pero usted no es un novelista. Es EL NOVELISTA.

Insiste nuevamente en lo inesperado, en lo mágico o desgarrador que puede ser el destino, según el camino que escojamos. Siempre nos invita a reflexionar al respecto, es lo que denomina "mecánica de la realidad", esa en torno a la cual va escribiendo párrafo a párrafo  (su unidad de composición), en sus cuadernos cuadriculados franceses. 

Como dijo en alguna ocasión, es consciente de que hay gente que detesta eso que hace, y lo acepta. Muchos le critican por ser más de lo mismo en cada novela, otros justo por lo contrario, por alejarse de lo habitual. Nunca llueve a gusto de todos, y menos cuando se tiene la trayectoria que usted tiene. Me pregunto cuántos besos de Judas habrá recibido en este mundillo a lo largo de los años. No obstante, en eso consiste también la magia de la literatura, para gustos...

Ahora que está de promoción, he llegado a leer hasta observaciones peyorativas sobre su físico, qué artístico criterio, ¿verdad? tan interesante como la evolución de los deuteróstomos;  pero bueno, en la viña tiene que haber de todo (aunque,  sin acritud, le digo que si a estos grandes pensadores les cae el rayo ese que tanto le impactó a los catorce años, tampoco pasa nada, oiga).

Dijo usted esta semana que "No hay nada más emocionante que estar bajo el hechizo de la habilidad de un escritor para contar una historia". Yo me despido dándole las gracias por su hechizo y por su aportación a la literatura. Aquí estaré siempre que tenga algo que contar. Mientras tanto, me conformaré leyendo a los demás...




lunes, 4 de septiembre de 2017

Cabaret Biarritz. José C. Vales.


Compré Cabaret Biarritz en cuanto salió a la venta. Con la intención de esperar a que pasara el "boom", lo dejé aparcado...hasta que hace poco, al saber del nuevo título que se avecina de José C. Vales (mañana ya en las librerías) caí en que no lo había leído todavía. Imperdonable, lo sé, pero no es  nada que no haya podido solucionar en un par de días.

 Georges Miet, un hombre "artrítico, cojo y casi ciego", redactor al servicio de una editorial francesa, recibe el encargo de escribir  acerca de los trágicos hechos que habían conmocionado quince años antes la vibrante Biarritz de los años 20, durante la temporada estival. Tras una terrible galerna, el cadáver de una joven de la localidad aparece sujeto a una argolla en el muelle (colgada boca abajo, desnuda). Se trata de una aprendiza de librería de dieciséis años: Aitzane Palefroi.

Para escribir la historia, Miet entrevista a una treintena de personas de distintos estratos sociales que de manera más o menos directa estuvieron relacionadas o presentes en la época en la que tuvo lugar el hallazgo, destacando el fotógrafo Galet y el periodista Vilko,  que desvelaron elementos que la investigación oficial había pasado por alto.

A partir de aquí acompañamos a Miet en las entrevistas y conoceremos a un amplio abanico de personajes de lo más extravagantes y variopintos: un sepulturero, un joyero, el juez y su hija metida a monja etc.. Es aquí donde Vales hace un despliegue magistral de ironía, ofreciendo una caricatura social divertida, burlesca, crítica (no solo a la sociedad, también el mundillo literario y periodístico recibe lo suyo), hasta tal punto que la investigación sobre la aparición del cadáver queda en un segundo plano, porque el lector se pierde entre las páginas disfrutando de las entrevistas a los testigos, entrevistas que se presentan como traducidas del francés con las correspondientes notas del traductor, que aportan más ingenio, si cabe, a la lectura. Siempre mostraré mi profunda admiración por quien da vida a tantos personajes y lo hace dándoles voz propia, diferenciándolos claramente  entre sí, y este es un claro ejemplo de ello.

Confieso que no puedo ser objetiva con este libro. Sigo a Jose C. Vales desde hace años, desde que me cautivó con "El pensionado de Neuwelke". Lo sigo en las redes desde entonces. Su estilo, su especial sentido del humor... Iba leyendo e iba reconociendo esos rasgos en el libro.  Seguramente por eso, miro lo que llevo escrito en esta entrada y tengo la sensación de quedarme corta, de no estar a la altura y expresarme como lo merece la novela. Estamos ante un ejercicio de originalidad, inteligencia y humor muy recomendable.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Vacaciones de verano.




Pues eso, que por aquí también me tomo un respiro y echo el cierre temporal hasta septiembre. Hasta entonces, disfrutad del verano. Nos leemos a la vuelta. ¡Gracias por estar!

lunes, 7 de agosto de 2017

Más allá del invierno. Isabel Allende.

"En medio del invierno aprendí por fin que había en mí un verano invencible". Albert Camus.


He leído varios libros de Isabel Allende. Si la memoria no me falla, este es el sexto. No son pocos, aunque si los comparo con todos los que tiene, sí que puede resultar insuficiente. "Más allá del invierno" ha supuesto mi reencuentro de ella tras unos años sin leer sus novelas.

En esta ocasión, nos situamos en Nueva York, azotada por una brutal tormenta de nieve que paraliza prácticamente la vida de sus habitantes. En estas circunstancias conoceremos a los tres personajes que protagonizan la historia: Lucía, una profesora universitaria de origen chileno. A Richard, americano, también profesor universitario, jefe, vecino y casero de Lucía, ya que ella se aloja en un pequeño apartamento-sótano de su propiedad, y Evelyn, una joven guatemalteca sin papeles.

Lucía es una mujer mayor alegre y optimista que se siente atraída por Richard, que parece no corresponderle. Al contrario que ella, él es arisco, huraño, inseguro, solitario y algo hipocondríaco. En medio del temporal de nieve, Richard se ve obligado a llevar al veterinario a uno de sus gatos. A la vuelta, su coche chocará con el de Evelyn, una chica que casi no le habla y no reacciona ante el incidente. Richard le da una tarjeta de visita. Ese choque cambiará la vida de los tres protagonistas...

Estamos ante una novela de personajes. En los capítulos se van intercalando el presente, el cómo se cruzan estos tres destinos, con el pasado de cada uno. Así, conoceremos los entresijos del golpe de estado en Chile, la emigración en América y el negocio que se esconde tras ella, los narcos y pandilleros de Guatemala, etc.

Reconozco que al principio me costó entrar en la historia. No terminaba de conectar con los personajes, y el ritmo me parecía lento, seguramente debido a que la trama del presente se veía constantemente interrumpida con la alternancia del pasado de los personajes, un pasado muy extenso y minucioso, algo que a su vez (y aquí está lo bueno) me ha ayudado finalmente a entender a los protagonistas y conectar con ellos.

Sin ser la novela de Allende que más me ha gustado, he disfrutado mucho más de lo esperado, he reído y he llorado con su lectura. Su mensaje,  tan acertado y con origen en la frase de Camus arriba citada, coincide con el invierno particular en que se encontraba la autora al enfrentarse a esta novela.

Me he encontrado con un invierno meteorológico, pero símbolo y metáfora también del invierno vital por el que han pasado los protagonistas, que, cuando parace todo perdido, no se dan por vencidos y finalmente optan por buscar la calidez y la luz del destino, porque, aunque no se puedan cambiar las cosas, aunque no se pueda cambiar el duro pasado, sí se puede cambiar la perspectiva con la que lo vemos, o la forma en la que gestionamos las huellas que nos ha dejado. Y es que, en nuestro invierno personal y en las imperfecciones de la  vida, podemos encontrar la calidez y la luz de un verano emergente que espera en nuestro interior. Y esa es una lección vital que repasaremos y afianzaremos con este libro

martes, 1 de agosto de 2017

Manual de remedios. Ella Berthoud y Susan Elderkin.



Biblioterapia (del gr. biblíon, libro, y therapeía, asistencia), f. prescripción de novelas para las dolencias de la vida (Berthoud y Elderkin, 2014).

Hace un par de semanas hablaba de la atracción hacia esos títulos que hacen alusión a bibliotecas, librerías y literatura en general. Son libros que hacen saltar nuestra alarma lectora y que acabamos haciendo nuestros, porque constituyen una debilidad a la que nos encanta sucumbir.

Este libro es un manual de medicina, solo que algo diferente a los demás. Así nos lo advierten las autoras a en su comienzo. Aquí no hay distinción entre el dolor físico y el emocional. Aquí encontraremos situaciones de todo tipo: habituales, difíciles,  extraordinarias... y para cada una de ellas se nos ofrecerá un medicamento que no es el que venden en las farmacias, sino en las librerías, bibliotecas y similares.

Ella Berthoud y Susan Elderkin estudiaron Literatura en la Universidad de Cambridge. En 2008 establecieron un servicio de recetas literarias en la londinense The School of Life, y desde entonces prescriben libros a pacientes de todo el mundo. Son biblioterapeutas ¿Puede haber una profesión más bonita y más curiosa? Berthoud y Elderkin creen que las obras de ficción son la mejor cura. A veces, solo supondrán un consuelo, pero en cualquier caso, hallaremos el poder de la literatura, el poder de viajar estando sentado en el sofá y regresar de ese viaje siendo una persona distinta, descubriendo cosas nuevas o planteándote otras perspectivas.

Y así encontraremos remedios literarios para la jaqueca, para el corazón roto y para una serie de dolencias que se recogen de la A hasta la Z. Además, el lector dispone también de una serie de consejos y sugerencias intercaladas a lo largo de las páginas para, por ejemplo, descubrir qué tipo de humor es el que te gusta en las novelas.

Se trata de un volumen completísimo y lleno de curiosidades,  que anima a retomar ejemplares ya leídos, hacer crecer nuestra lista de títulos por leer, así como descubrir otros hasta entonces desconocidos. Si a ello sumamos la preciosa edición en la que se ha publicado el manual (el interior es justo lo que promete el exterior), no queda otra que afirmar que estamos ante un libro imprescindible.
 

martes, 25 de julio de 2017

Encender de nuevo las estrellas. Karine Lambert.


"Siempre se mantuvo digna e impecable. Y sensata, tan sensata. El pudor no explica todos los silencios, pero cada cual hace lo que puede con lo que le toca. Y ella solo ha sido la hija de, la hermana de , la mujer de."


Karine Lambert es fotógrafa y escritora belga. Su primera novela fue todo un éxito que yo desconocía: "El edificio de las mujeres que renunciaron a los hombres".  El título que hoy os traigo es su segundo trabajo y desde este preciso instante os digo que me ha encantado. 

Conocemos a Marguerite, una anciana que siempre ha vivido a la sombra de su marido, Henri, el notario de la localidad, recién fallecido. Ha pasado cincuenta y cinco años casada con un hombre arisco, estirado, que solo espera de su mujer que se mantenga permanentemente digna e impecable, dedicada en exclusiva al hogar y dando ejemplo en los círculos en que se mueve él. No puede permitirse en ningún momento ser ella misma. Al quedarse viuda y tras tantos años de dependencia de Henri, se bloquea, se siente sola y aterrada ante el paso de los días, ante actos tan cotidianos como tramitar algún documento en su banco, cosas de las que nunca se ha tenido que encargar.

Por otro lado, conocemos a Marcel, un argelino de origen francés; también ha perdido a su mujer, que lo era todo para él. Su historia es idílica. Conoció a Nora siendo un niño, y desde entonces ha estado con ella. Cuando fallece, la tristeza y la desesperación de apoderan de él, la vida deja de tener sentido.

 Marguerite y Marcel son radicalmente opuestos, pero sus caminos se cruzarán de forma inesperada, dando lugar a una historia preciosa e inesperada. Poco más de doscientas páginas necesita Lambert para adentrarse en estos personajes y emocionarnos con ellos. El amor y el duelo en el ocaso de la vida se aborda de una forma muy natural, sencilla y creíble, y así acompañaremos a los protagonistas ante los inconvenientes de una segunda oportunidad en la vida, el qué dirán y la incomprensión o desconfianza de los hijos.

A menudo nos encontramos con la frialdad que produce el dolor en estas personas que enviudan siendo ya muy mayores, y que pasan por momentos en los que el consuelo de los hijos no es suficiente.  A veces hay cierta tendencia a pensar que "es ley de vida" o "es lo que toca", pero no. La edad y el paso de los años pueden arrugar la piel, pero no los sentimientos ni el alma de un anciano.

Encender de nuevo las estrellas es, en definitiva, una historia conmovedora, sencilla, cargada de emotividad y ternura, sin azúcar ni edulcorantes innecesarios. Un libro que transforma la desesperanza en ilusión.

martes, 18 de julio de 2017

El extraño verano de Tom Harvey.



Había leído los dos títulos anteriores de Mikel Santiago, "La última noche en Tremore Beach" y "El mal camino". Disfruté mucho de ambas lecturas, por lo que, cuando supe de su nueva novela, tuve claro que la leería.

En esta ocasión conocemos a Tom Harvey, el protagonista y narrador de la historia, que nos cuenta cómo una noche en la que estaba con una mujer en Roma, recibe la llamada de Bob Ardlan, un pintor de éxito, padre de su exmujer. Hacía años que no sabía de él, así que en ese momento decide no cogerle el teléfono. Sin embargo, dos días después, Tom tiene conocimiento de que Bob ha perdido la vida al caerse desde el balcón de su mansión en Tremonte (un lugar idílico al sur de Italia), y que sucedió el mismo día de la llamada,  por lo que se traslada al lugar para acompañar a su ex en tan duros momentos. A la vista de las circunstancias, Tom no podrá evitar preguntarse si realmente la muerte se debe a un accidente. A partir de ahí todo se irá complicando, hasta el punto de poner en riesgo su vida.

Tom Harvey es un personaje que despierta tu simpatía desde el principio. Es músico y se gana la vida con los bolos que le salen además de trabajar como guía turístico en Roma. Cuando sabe de la muerte de Bob, no duda en acudir en ayuda de Elena, de la que siempre ha estado enamorado. En esta ocasión descubrirá el mundillo del arte y de la riqueza en el que se movían padre e hija, conocerá a las personas que rodeaban a Bob (un maduro seductor que no dejaba indiferente a nadie): un aprendiz, el marchante, una escritora de éxito venida a menos, el propietario del Mandrake (un lujoso local de copas) etc. Nuestro protagonista comprobará que prácticamente todos tenían algún motivo para odiarle, haciéndonos partícipes de sus sospechas y de su "¿quién lo hizo?".
 
Nuevamente me ha gustado leer a Mikel Santiago. Tiene un sello propio y elementos comunes que podemos encontrar en sus libros: suspense de menos a más, pesadillas, pinceladas paranormales,  momentos de tensión ambientados en la noche que te atrapan, un protagonista creíble, cercano y vinculado a la música...

Un thriller con el que el autor dice al final pretender que el lector se divierta en este nuevo viaje y que lo siga acompañando. Creo que cumple sobradamente con el objetivo a lo largo de las casi 500 páginas de esta historia.  En lo que a mí respecta,  puede seguir contando conmigo como lectora.
 

martes, 11 de julio de 2017

La biblioteca de los libros rechazados. David Foenkinos.

«El protagonista trabaja en una biblioteca que acepta todos los libros que han rechazado las editoriales. Se puede uno encontrar allí, por ejemplo, con un hombre que ha acudido a dejar un manuscrito tras haber padecido cientos de rechazos. Y de esa forma se van juntando ante los ojos del narrador libros de todo tipo. Se puede encontrar allí tanto con un ensayo como El cultivo de las flores a la luz de las velas en una habitación de hotel como con un libro de cocina que recoge todas las recetas de los platos que aparecen en la obra de Dostoievski».


  Todavía no me había estrenado con David Foenkinos. Increíble pero cierto. Algunos títulos me llamaban la atención, alguno en concreto bastante, pero no sé por qué  (¿prejuicios?) no daba el paso. LLegó  "La biblioteca de los libros rechazados", con ese título y/o imán para los lectores como yo, que acuden a la llamada de novelas sobre librerías o similares, como así sucedió cuando me lo crucé en la biblioteca, animada previamente por la reseña de Mónica.

Conocemos al señor Gourvec, un bibliotecario algo excéntrico en lo profesional y en lo personal que, inspirado por una novela que ha leído, decide crear en la biblioteca de su pueblo (Crozon) una sección  dedicada a los libros rechazados por las editoriales. Tras poner varios anuncios, muchos escritores llegan a cruzarse Francia entera para quitarse de encima el fruto de su fracaso, hasta el punto de tratarse de una especie de Camino de Santiago literario, por el valor místico y simbólico de "acabar con la frustración de que no le publiquen a uno". Un verano, una joven editora con un futuro muy prometedor y su marido, escritor, se van de vacaciones a Crozon y visitan tan peculiar biblioteca, descubriendo entre sus títulos abandonados una joya titulada "Las últimas horas de una historia de amor". La editora cree que el libro merece ser publicado, por lo que, al tratar de contactar con su autor, resulta que este ha fallecido, y no parece que sea el verdadero autor, pues la familia, sorprendida, afirma que el finado nunca leyó ni escribió nada.

Se inicia así una especia de thiller literario en el que las vidas de  diversos personajes varipintos se cruzan en la búsqueda de la verdadera autoría de la novela: la editora mencionada y su marido, un escritor cuya obra pretende ser comprometida e intelectual, resultando inaccesible para cualquiera que no sea él; el bibliotecario que convierte los fracasos ajenos en triunfos propios y la bibliotecaria que lo acompaña en su andadura; una vendedora de lencería, un crítico literario venido a menos y el supuesto autor (el pizzero del pueblo).

 Me ha encantado la historia en general, digo en general porque coincido con otros lectores en que el epílogo y la forma de resolverse la trama no me parecen acertados. Una lástima, pero pese a ello he disfrutado mucho de los numerosos guiños metaliterarios, del sentido del humor de Foenkinos, de la ironía y la crítica al mundillo editorial (tornándose en sátira en algunos momentos). Un libro francamente divertido y recomendable.


martes, 4 de julio de 2017

La chica en la niebla. Donato Carrisi.

"Porque el peaje para que la gente pueda
 seguir su vida es la indiferencia"





La chica en la niebla supone mi estreno con Donato Carrisi. No ha ido mal, me he encontrado con una novela de suspense muy entretenida. No buscaba más en ese momento. Veamos.

En un pequeño pueblo de montaña ha desaparecido una joven de 16 años: Anna Lou, una chica aniñada, tímida, muy familiar y con pocos amigos. Todo apunta a que no se ha ido por voluntad propia, pero, al tratarse de una pequeña comunidad muy religiosa donde todos se conocen, todo apunta también a que alguien conocido es el culpable de la misteriosa desaparición. El agente especial Vogel será el encargado de la investigación. Conoceremos entonces a este investigador atípico que parece haber olvidado la vocación y la ética en su trabajo.

 Dos son los aspectos que más destacaría de esta historia. La ambientación tan lograda en ese pueblo tan cerrado y peculiar, y la caracterización de uno de sus principales protagonistas: Vogel, un personaje destestable,  un agente especial que solo quiere resultar mediático y salir airoso de los casos que se le presentan, aunque ello suponga alejarse de la verdad y presentar a la opinión pública sospechosos sin pruebas concluyentes. Todos sabemos de la tendencia a creernos lo primero que leemos en los medios y las trágicas consecuencias que ello conlleva a veces, y eso queda muy bien reflejado aquí, donde investigador y prensa se alimentan mutuamente.

A lo largo de los capítulos se intercalan los días posteriores a la desaparición de la joven con los meses posteriores en los que, un buen día, aparece Vogel manchado de sangre tras haber tenido un accidente y, aparentemente, haber perdido la memoria. ¿Qué ha ocurrido? Al llegar al final lo sabremos todo.

En definitiva, aunque no es el libro que esperaba tras leer opiniones tan entusiastas, sí que es una historia que recomiendo. Un thriller que va de menos a más, con ritmo desigual (al principio pausado y posteriormente mucho más trepidante) y con momentos cargados de tensión que hacen que lo devores en solo unas horas.

martes, 27 de junio de 2017

La mala hierba. Agustín Martínez.



"La mala hierba" es la segunda novela de Agustín Martínez. Su debut tuvo lugar con "Monteperdido", un título que todavía no he leído, pero que, visto lo visto, seguro leeré. Lo mío con este libro fue amor a primera vista. De entrada, la portada me pareció inquietante, eché un vistazo a su primer capítulo, que empieza así:

"Quiero recordarte descansando sobre mi pecho, exhausta después de hacer el amor, y no como el barco que se hunde en un charco de sangre a mis pies. Lo intento con todas mis fuerzas; juro que lo intento."

Y bueno, llamadme intensa, pero me pareció uno de los comienzos más impactantes que he leído en los últimos tiempos, así que tenía que seguir leyendo. Ya he comentado en alguna ocasión que disfruto cada vez más de saber lo mínimo sobre el argumento de una novela, y en esa ocasión vuelve a suceder, así que solo os daré unas pinceladas.

 Jacobo es un padre de familia que, tras perder su trabajo, se ve obligado a empezar una nueva vida juanto a su mujer, Irene, y su hija adolescente, Miriam. El destino elegido será Portocarrero, un pueblo situado en pleno desierto almeriense, ya que Irene tiene un hermano allí y una propiedad heredada de sus padres donde poder vivir. Una vez instalados, con el paso del tiempo se darán cuenta de que nada es lo que parece, y que lo que parecía una nueva oportunidad en sus vidas se convierte en un infierno.

Como descubrimos nada más empezar,  en el primer párrafo, Irene ha siso asesinada, y a partir de ahí nos adentramos en una historia que no da tregua, donde nada es lo que parece, empezando por los vecinos y amigos de la infancia de Irene, que aparantemente los acogen y ayudan a la familia a salir adelante. 

Conocemos a unos personajes magníficamente perfilados, donde cada uno tiene muchas sombras que ocultar, donde ninguno despierta la simpatía ni la empatía del lector (ni la abogada excéntrica, ni la adolescente, porque se puede pasar por sus circunstancias sin ser tan insoportable), donde resurge constantemente la mala hierba que habita en el desierto, y es que el desierto es un personaje más de la historia, creando una atmósfera claustrofóbica, angustiosa e inquietante: árboles fosilizados, vientos africamos, calima y polvo sahariano...

 El desierto lleva el mal en su arena y se propaga entre los habitantes del pueblo, mientras que el escritor juega de forma constante con el lector, dosificando las pistas y los giros inesperados en los que nunca tienes claro quién es el culpable de todo lo que ocurre, hasta el final. 

Una novela muy recomendable, con una ambientación y unos personajes muy logrados, con un pulso narrativo impecable. Sin duda,  pasará a ser una de mis mejores lecturas del año.

martes, 20 de junio de 2017

Las lágrimas de Claire Jones. Berna González Harbour.



Este libro llegó a mí de forma inesperada. Me he acostumbrado a leer lo menos posible de la sinopsis, pero vi lo suficiente como para saber que se trata de la tercera entrega de la saga protagonizada por la comisaria María Ruiz. Ello no es impedimento para leer este título de forma independiente, ya que te sitúa perfectamemente en el estado actual de la protagonista y te explica cómo ha llegado hasta la situación en la que se encuentra. Así lo he hecho yo, estrenándome con la autora. Berna González Harbour es periodista, escritora,  analista política y colaboradora cultural.

En "Las lágrimas de Claire Jones" conocemos a María Ruíz, de unos cuarenta años, una psicóloga del cuerpo de policía que con el tiempo, las circunstancias y los acontecimientos que tienen lugar ejerciendo su profesión, elige hacerse policía, siendo en la actualidad comisaria. Es independiente, inteligente, leal y valiente. Actualmente se encuentra destinada (desterrada más bien) en Soria, donde nunca tiene lugar algún suceso destacable más allá del último asesinato que ocurrió en 1954. Allí lleva una vida aletargada y llena de rutinas, que solo rompe los fines de semana al visitar a su compañero Tomás que se encuentra en un hospital de Ávila. Un día Carlos, comisario y viejo amigo de María, la convence para que se despeje y desconecte de todo haciéndole una visita a Santander, pero lo que iba a ser un paréntesis para la comisaria se complica: una simple investigación de Carlos sobre un coche abandonado da lugar al hallazgo de un cadáver de forma inesperada.

 A partir de ahí, María reaviva la llama de su profesión al encontrar un nuevo aliciente en su carrera, pero se trata de un caso sobre el que ella no tiene potestad alguna, y no tiene demasiados amigos entre sus superiores, por lo que no lo tendrá fácil...

 Como adelantaba, no puedo comparar esta historia con los anteriores títulos, aunque  he leído (por aportar un dato curioso) que la escritora ha tardado más en terminar esta entrega (dos años, cuando para las anteriores necesitó solo tres meses). El caso es que me ha gustado mucho. Me ha resultado un lectura muy ágil, por sus numerosos diálogos y la tensión dosificada a lo largo de sus páginas. Casi sin darnos cuenta nos adentramos en una trama vinculada a la historia de los cuáqueros (una especie de comunidad religiosa de origen inglés), concretamente, la de muchas de sus mujeres, que desempeñaron un papel muy importante en los campos de refugiados españoles en el sur de Francia durante la Guerra Civil. Esta labor se entremezclará en el presente con la aparición de importantes hombres de negocios irregulares, policías corruptos, misteriosas desapariciones...y, por supuesto, sabremos quién es y qué tiene que ver Claire Jones con todo esto. La comisaria Ruiz no estará sola en sus indagaciones. Contará con el apoyo incondicional de Carlos, Martín, Esteban y Luna, un periodista que no dudará en ayudar a nuestra protagonista.

De forma paralela al transcurso de la investigación, iremos profundizando en el carácter y en el pasado tanto de María Ruiz como de Claire Jones (una joven que, tras una visita inesperada se plantea su presente y empieza a hacerse preguntas sobre su corto pasado), desembocando finalmente en una lectura muy bien hilvanada, ejecutada y resuelta satisfactoriamente

Sin duda, me pondré al día con las entregas anteriores ("Verano en rojo" y "Margen de error") y  seguiré los pasos de esta comisaria, un personaje muy creíble, una mujer de carne y hueso con sus tormentos y complejidades. 

martes, 6 de junio de 2017

La frontera del lobo. Sarah Hall.



Podría afirmar que el lobo es mi animal salvaje favorito. Siempre me han fascinado los lobos, y más desde hace unos diez años, cuando tuve la oportunidad de visitar una especie de reserva, verlos relativamente cerca y aprender mucho sobre ellos. Sin embargo, cuando supe de la existencia de este libro tuve mis reservas, porque no sabía si me encontraría con un ensayo disfrazado y, aunque no me pareciera mal, no era lo que quería leer en ese momento. Fue entonces cuando me encontré con algunas reseñas y vi que era un libro que podía gustarme, como así ha sido.

Sara Hall pertenece a una nueva generación de escritores británicos, ha recibido varios premios y tiene varios títulos publicados. Este es el primero que le leo. "La frontera del lobo" nos cuenta la historia de Rachel Caine, que lleva diez años estudiando y protegiendo las manadas de lobos en una reserva india de Idaho. Su vida da un giro inesperado cuando recibe una tentadora oferta de uno de los hombres más ricos del Reino Unido, el duque de Annerdale, que pretende reintroducir el lobo gris en los campos británicos. Ello supondrá el regreso de Rachel a Cumbria, su tierra natal, el reencuentro con su madre y la aceptación del proyecto más ambicioso al que se haya enfrentado nunca.

Para mí, esta,  más que una novela de personajes ha sido una novela de paisajes, y me explico. Rachel es una mujer con la que resulta muy difícil empatizar. Tiene un pasado complicado con una familia desestructurada capitaneada por una madre nada fácil. Ese pasado cargado de carencias afectivas ha dejado huella en ella a la hora de relacionarse con amistades, hombres, con su hermano... Rachel es una reconocida profesional, es admirada por sus compañeros. Es buena persona, pero fría, distante, siempre en guardia, lo que le hace actuar de una forma y tomar ciertas decisiones que no despiertan precisamente la simpatía del lector. Ello, unido a mi adoración hacia estos animales salvajes, ha hecho que haya disfrutado mucho más de los maravillosos paisajes donde tiene lugar la historia, de la exploración de la naturaleza que hace la autora, su forma de plasmar la belleza de la vida y comportamiento de los lobos, empleando a veces alegorías que invitan a la reflexión.

 El final, y esa es mi principal objeción,  deja muchos cabos sueltos, pero en general me ha parecido una historia muy entretenida y amena, para leer sin prisas y perderse por sus horizontes, especialmente si te gustan estos animales. 

 

martes, 30 de mayo de 2017

Mensajes desde el lago. Mercedes Pinto Maldonado.




Mensajes desde el lago es la segunda parte de "Cartas a una extraña", un libro que en general me gustó bastante, al igual que el estilo de su autora,  por lo que tuve claro que quería saber cómo continuaba la historia. Si no habéis leído el primero, mi recomendación es que no sigáis leyendo este post.

Recordemos que aquella primera parte nos contaba la historia de Berta, una treintañera independiente que vive en Londres. Allí dirige un restaurante de cierto prestigio, y allí se fue para huir de una madre y una hermana tóxicas, dictatoriales y desconocedoras del concepto cariño o familia. Cuando Berta recibe una llamada avisándole de la muerte de su madre, tiene que volver a Madrid para gestionar el testamento. A raíz de ahí, y de forma casual, descubrirá unas cartas que cambiarán su vida al conocer a un misterioso pintor, Saúl,  que vive en Estados Unidos y al que finalmente tiene la ocasión de conocer en París, aunque solo por unos minutos.
 
En "Mensajes desde el lago",  Berta ha regresado a Londres, pero su vida ya no es la misma. Su estancia allí deja de tener sentido tras todo lo sucedido. Berta no ha cerrado definitivamente el capítulo de su pasado familiar, a lo que hay que añadir que descubre que tiene una sobrina de nueve años, por lo que decide volver a España.

Esta segunda parte me ha gustado. Con una estructura muy similar a la de la anterior entrega, seguimos la historia familiar de Berta y paralelamente la de Saúl desde que Berta dejó de leer sus cartas (ahora Saúl va escribiendo en una especia de diario). Asistiremos a la evolución de ambos protagonistas, que nos cuentan en primera persona lo que va sucediendo. Berta no estará sola en esta ocasión, contará con el apoyo de Alfonso, el detective que tanto la ayudó en la primera parte, y Mary, su amiga inglesa, con la que al principio es difícil empatizar por su aparente frivolidad y apariencia pija, pero que se acaba haciendo un hueco entrañable en la lectura. Con ellos se enfrentará a las nuevas trampas del destino.

Una vez más,  he disfrutado y he leído en muy poco tiempo un libro de Mercedes, y ello se debe a su estilo sencillo y elegante, a la abundancia de diálogos y la habilidad para alternar una trama familiar llena de intriga y suspense con una historia de amor.

No obstante, debo decir que no me ha gustado tanto como la primera parte. En algunas ocasiones, con el objetivo de recordar al lector en qué punto de la historia nos encontramos con respecto a la primera parte, se hace repetitivo. También hay aspectos que no me han terminado de convencer, como que en momentos dramáticos, o de mucha tensión, Berta hable de amor con su amiga, por poner un ejemplo. 

En definitiva, salvando estos matices, es un cierre de historia que me ha entretenido mucho y me ha gustado. Seguiré leyendo a Mercedes. Me gustan sus historias, su estilo y su independencia al moverse por este mundillo. 

 

martes, 23 de mayo de 2017

Mujer bajando una escalera. Bernhard Schlink.

"Tal vez vea usted el cuadro algún día. 
Desaparecido durante mucho tiempo, 
ha vuelto a aparecer de pronto..."


No es ninguna novedad que nuestra interminable lista de libros deseados no deja de crecer cuando paseamos por aquí. Y así es como llegué a este libro. Me fui de paseo a la cantina de Norah, un rincón imprescindible para mí y allí encontré una reseña impecable (esta) y un título con la máxima puntuación (este que os traigo). Fui en cuanto pude a la biblioteca, no estaba, y no pude esperar. Sí, con la de libros que tengo por leer, y recién pasado como quien dice el Día del libro,  no pude esperar y me fui a una librería para hacerlo mío. Desde ya anuncio que no voy a estar a la altura de su reseña, básicamente porque me ha gustado mucho, sí, pero con matices.

Un abogado se sorprende al ver en un museo un cuadro que conoce muy bien. En él, una mujer baja una escalera. Está desnuda, es rubia y su cuerpo pálido. Sus piernas son largas, sus caderas redondeadas  y sus pechos firmes. Pura sensualidad. Nuestro protagonista y narrador nos cuenta el origen: un millonario encarga a un joven pintor, Karl Schwind, que retrate a su esposa en esas condiciones. El pintor queda prendado de la modelo. La modelo se deja seducir por el joven. El pintor tiene la sensación de haber dado vida al mejor cuadro que pintará nunca y quiere dar marcha atrás en el negocio. Quiere quedárselo. El marido de la modelo se niega. El abogado, nuestro protagonista, será el intermediario en este asunto, implicándose hasta extremos insospechados.

Y así nos adentramos en esta historia dividida en tres partes, en la que el cuadro es el nexo entre el pasado y el presente. Un pasado, con tintes de thriller, donde conoceremos lo que pasó finalmente con la disputa y con las relaciones entre los intervinientes, y un presente que tiene lugar a raíz de encontrar nuestro protagonista el cuadro casualmente en un museo. Y aquí me planto, porque creo que ya he contado lo suficiente (puede que demasiado).

¿Lo mejor?  

*La maestría del autor para sorprender al lector con esta tercera parte de la historia, donde muestra una perspectiva totalmente diferente de la historia y sus personajes, un giro imprevisto  que te deja sobrecogido en algún momento.

*Los personajes tan bien perfilados y llenos de contrastes, destacando dos: por un lado el protagonista, un hombre imperfecto, muy imperfecto, pero bondadoso y leal hasta límites que podréis comprobar por vosotros mismos. Un personaje muy creíble, muy común.

 Por otro, la mujer del cuadro, Irene Gundlach, una mujer que desde el principio se siente víctima por su condición de musa para el pintor, o de trofeo, para su marido. Es muy difícil empatizar con Irene, porque no hay justificación alguna para su forma de actuar en determinados momentos. Irene llega a ser abanderada de la crueldad, y es que no es ni musa ni trofeo, sino más bien Femme Fatale. Una mujer deslumbrante a priori, pero que no es ni mucho menos lo que aparenta, aunque esto, como en la vida misma, no todos lo descubren, o no todos al mismo tiempo.

¿Lo peor?

*Mi sensación de que algunos sucesos entre los personajes son forzados, no ocurren de forma natural en la narración. 

*El final: no lo que ocurre, sino el cómo ocurre, ese toque surrealista tirando a Murakami sobraba, al menos para mí.


Y bueno, en general me ha gustado mucho la novela, y no deja de sorprenderme que Bernhard Schlink  (1944) creara toda esta trama a partir de un cuadro que le inspiró, como nos explica en una nota final. Se trata de "Ema, o desnudo bajando la escalera", de Gerhard Richter. Espero haber despertado vuestra curiosidad. Merece la pena.



martes, 16 de mayo de 2017

Uno entre un millón. Monica Wood.



Al parecer, este es el primer libro, de todos los que tiene en su haber,  traducido al castellano de Monica Wood. Empecé a verlo como novedad en las librerías y supe que trataba sobre la amistad entre un niño de 11 años y una anciana de 104. No quise saber más, me parecía que podía ser entrañable y acabó siendo más que eso. Recomiendo no leer la sinopsis. Para mi gusto, dice más de la cuenta, y ya os comento yo un poco el argumento.

Ona Vitkus es una anciana que vive sola y que recibe cada sábado la visita de un boy scout para echarle una mano en la casa y el jardín. Normalmente los niños asignados no duran mucho en el puesto asignado al no simpatizar con la anciana, algo recíproco, hasta que llega "el chico", nuestro protagonista, cuyo nombre no llegamos a conocer, sin que ello sea impedimento para que se haga rápidamente hueco en nuestro corazón. El niño es amable, pero extraño, muy peculiar. Está obsesionado con los récords Guinnes, emplea un vocabulario impropio para su edad. No tiene habilidades sociales, no le gusta el deporte, tiene una memoria extraordinaria para datos y fechas (no se dice explícitamente que el pequeño tenga algún trastorno, pero no hace falta: dos más dos son cuatro y con las pinceladas que la autora ofrece sobre su carácter ya sabemos de qué se trata). Poco a poco, y casi sin darse cuenta, surge entre ellos una amistad inesperada. 

Ona y el chico conectan desde el principio y van descubriendo que, más allá de la diferencia de edad, tienen mucho en común. A través de ellos conoceremos el pasado y la vida de Ona, así como a la desarraigada familia del chico: Quinn, su padre, un guitarrista que casi siempre está en la carretera debido a los conciertos en los que toca y Belle, la madre, de quien Quinn se ha separado en dos ocasiones. 

A lo largo de las páginas vamos contemplando de forma casi imperceptible y con un estilo muy sencillo, cómo esa amistad tan especial afecta a los que están alrededor del chico, porque estamos ante una novela de personajes, donde cada uno va desnudando su alma: una anciana que redescubre cosas en su pasado que no supo ver y que, gracias al chico, tiene ganas de seguir viviendo y seguir haciendo cosas, como superar un récord Guinnes; un padre atormentado que no comprende a su hijo, sus peculiaridades, que no sabe cómo tratarlo, y una madre que le reprocha el no saber hacerlo, el no saber quererlo. 

Que nadie piense que la autora va a dar los giros necesarios para que la historia acabe a gusto de todos. No. Es una historia creíble y su desenlace es coherente con todo lo que se nos va contando a lo largo de las páginas. Es un libro divertido y desgarrador según los capítulos, conmovedor (el penúltimo capítulo me llegó directo al corazón), es un libro sobre segundas oportunidades, sobre cómo la vida puede ser totalmente distinta a cómo la habíamos planeado, sin ser necesariamente malo que sea así.

No sé si ha sido por el momento en que lo he leído, o por estar especialmente sensibilizada con los niños como el protagonista, pero el caso es que esta novela me ha llegado. Mucho. Por supuesto, ni que decir tiene que la recomiendo.