martes, 6 de diciembre de 2016

Las dos orillas. Alejandro Palomas.


El pasado fin de semana se han cumplido dos años desde que conocí a Alejandro Palomas en persona. Por otra parte, el recién terminado  mes de noviembre me trajo sendas sorpresas literarias: el lanzamiento de "Las dos orillas" y el saber que el autor vendría a Málaga a hablar de él y de su recién otorgado Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. No había mejor forma de celebrar esa especie de aniversario (y más si este nuevo título viene acompañado de las ilustraciones de Fernando Vicente), por lo que compré el libro, lo devoré,  y acudí al acto con mis compañeras de triunvirato (y algunas incorporaciones más en proceso de palomización).

Siempre es un placer encontrarse con Palomas, especialmente si compruebas que el premio no se le ha subido a la cabeza. Es tan espontáneo y natural al hablar, que siempre se hace corta su presencia. La charla formó parte de un "festivalito literario" llamado "Pajaritos y pajarracos", que está teniendo lugar en Málaga con el objeto de fomentar la lectura entre los pequeños y jóvenes de la familia. Una maravillosa iniciativa llena de talleres, actividades diversas y con la presencia de las librerías más importantes de la ciudad. Pero vamos al grano.

"Las dos orillas" es, como define el propio autor, una especie de cuento de navidad. Se lee en un suspiro, un suspiro más bien largo si te paras, como he hecho yo, para disfrutar de las preciosas ilustraciones. En teoría, se puede leer de forma independiente a "Una madre" y "Un perro", pero yo creo que sí que es necesario haber leído esos títulos para entender mejor tanto la historia como el alma de los personajes. No quiero entrar en demasiados detalles, pero sí os diré que esta nueva historia se centra en cuatro horas en la vida de R. Es un tiempo que no quedaba recogido en Un perro, y esta es la salida que el autor ha decidido darle, situándonos en la cena familiar que tiene lugar con motivo del cumpleaños de Fer. 

 

Contaba Alejandro que al escribir siempre teme quedarse en lo superficial de las historias que cuenta, que esta vez buscaba algo breve e intenso. Creo que lo logra con creces, al menos en mi caso, ya que al llegar al final no pude contener las lágrimas. También habló sobre cómo ha sido trabajar con el ilustrador Fernando Vicente, sobre las luces y sombras de ser escritor...

 En definitiva, estamos ante una historia breve sobre las ausencias, el dolor, la recuperación, y el amor de nuestras mascotas más allá de lo terrenal. La edición, en tapa dura, es preciosa, una joyita ideal para regalar en estas fiestas que se aproximan.

Y ya en lo personal,  volvió a sorprenderme las cosas en las que coincido con Palomas. Sirva solo de ejemplo que Fernando Vicente, junto con Iban Barrenetxea son mis ilustradores favoritos del panorama nacional actual, o comprobar que no estoy loca y que no soy la única que ha hablado en diversas ocasiones con su madre y le ha pedido por activa y por pasiva que el día que deje de estar haga lo necesario para enviar algún tipo de inequívoca señal que signifique que está bien. Creo que nuevamente dejo claro que me encuentro incondicionalmente palomizada. Y que dure.


martes, 29 de noviembre de 2016

El noviembre de Kate. Mónica Gutiérrez.

"La vida es mucho más interesante de lo que creemos, 
siempre que estemos dispuestos a tener bien abiertos los ojos y los oídos."


A estas alturas no tiene mucho sentido presentar a Mónica Gutiérrez, nuestra Serendipia, que tan buenos ratos literarios comparte con nosotros. Tras sendas y exitosas publicaciones en Amazon ("Cuéntame una noctalia" y "Un hotel en ninguna parte"), llega en papel, de la mano de Roca Editorial, "El noviembre de Kate". En cuanto supe de su existencia tuve claro que lo leería, pero esperaría al otoño, a noviembre, y el momento no ha podido ser mejor, pues lo devoré la semana pasada,  cuando la lluvia y el temporal azotaba a casi todo el país.

En esta ocasión, la autora nos presenta a Kate, una chica víctima del conformismo y de la rutina ante las circunstancias en las que vive. Desmotivada en un trabajo que no le gusta, pronto surge la oportunidad de evadirse un poco y hacer algo diferente los viernes noche: participar en un modesto programa de radio local de un pueblecito cercano a su pequeña ciudad. La experiencia resulta mejor de lo que esperaba, y cuando acude a su cita semanal en bar escondido del Hotel Ambassador para contárselo a Pierre, el camarero amigo de la protagonista, sucederá algo que tampoco espera, como es conocer a un curioso grupo de hackers capitaneados por Don, un chico invadido también por la tristeza y con el que Kate tendrá más de una cosa en común...
 
Una vez más, Mónica nos presenta una especie de cuento para adultos, una historia amable de esas que dejan muy buen sabor de boca, donde el destino convierte las malas noticias en segundas oportunidades. Una novela llena de ambientes acogedores, personajes entrañables (incluso en su antipatía en algunos casos), y de guiños literarios,  donde la luz y la felicidad se va filtrando en la vida de Kate. No es el libro que más me ha gustado de la autora, pero lo he disfrutado mucho y sin duda lo recomiendo a todos sus lectores (y a los que todavía no lo son).

martes, 22 de noviembre de 2016

Fiebre al amanecer. Péter Gárdos.

"El médico jefe reflexionaba para sus adentros si le correspondía aleccionar a alguien ya desahuciado, si era tarea suya hacerle ver la lógica de las probabilidades. Y mi padre sopesaba si merecía la pena iniciar a un científico tan experimentado en una visión optimista del mundo. Al final, prefirieron dejarse en paz."





 La faja de los libros, ese elemento a veces engañoso y que en este caso en concreto no se ajusta a la realidad. Esta historia no es un "Romeo y Julieta" después del Holocausto. No es una historia romántica, sino entrañable, dura y tierna a la vez. Tampoco es una novela epistolar, ya que tan solo conocemos algunos fragmentos o cartas sueltas. Es, eso sí, una historia real escrita por el hijo de los protagonistas, un reconocido director de cine húngaro que ya prepara la adaptación cinematográfica del libro.

Nos situamos en julio de 1945. Tras la liberación de Belsen, Miklós, un superviviente húngaro, llega a un campamento de enfermos en Suecia. Su estado es delicado, los médicos le dan pocos meses de vida, pero no cuentan con un factor importante: las ansias de vivir de Miklós que, lejos de resignarse ante el diágnostico y conformarse con pasar las horas, día tras día en un hospital, decide solicitar el listado de las jóvenes refugiadas convalecientes en distintos hospitales de campaña (una práctica habitual en la época en esas circunstancias), para iniciar correspondencia con ellas. Pronto comienzan a llegar las respuestas, y pronto empieza a destacar una sobre las demás. Se trata de Lili, ingresada en un hospital situado a muchos kilómetros de donde se encuentra nuestro protagonista.

Este libro fue un regalo de cumpleaños del que he disfrutado de principio a fin. Tenía mis dudas por algunas reseñas que había leído, pero me ha encantado. Es un canto a la vida y al optimismo. Miklós era periodista y poeta, pero tras la liberación ya no es ni la sombra de lo que era. Apocado, con sus gruesas gafas, dientes metálicos (solución fea y barata para los que perdían la dentadura) y con sus menos de cincuenta kilos, todos los días, al amanecer tiene 38,2 de fiebre  (de ahí el título del libro). Los daños permanentes e irreversibles hacen temer lo peor, pero nuestro protagonista quiere vivir, ama la vida pese a todo lo que le ha sucedido, y piensa que, si ha sobrevivido a todo lo que ha sobrevivido, debe ser por algo. Por eso no se deja llevar por el pesimismo ni el dramatismo de su situación y decide iniciar la correspondencia que inicia con las refugiadas, centrándose pronto en Lili, la chica de la que se enamora y a la que le basta conocer durante tres días para saber que será la mujer de su vida y que esta no acabará tan fácilmente.

Fiebre al amanecer es una historia llena de situaciones conmovedoras, cómicas en algunos momentos, tiernas, con personajes secundarios también entrañables. El lector se encariña rápidamente del protagonista y su actitud ante la vida. El amor como salvavidas, como terapia, el amor en lo sencillo, en el contenido de unas cartas, en el silencio compartido bajo un árbol, en los esfuerzos de uno por procurarle al otro un buen abrigo para el invierno. Porque cuando se ha pasado por lo que ellos han pasado, se perciben y se disfrutan más los matices de las pequeñas cosas, esas que se convierten en grandes, y se comparte todo, salvo el pasado. Ni Miklós ni Lili llegan a contarse nunca lo que pasaron en los campos de concentración.

Cuenta el autor al final del libro que no tuvo conocimiento de la correspondencia de sus padres hasta pasados los 50 años. Al morir su padre, su madre de las entregó sin darle demasiada importancia. Quizás no querían recordar aquellos años. Yo, por mi parte, me alegro mucho de haber podido conocer esta historia.


martes, 15 de noviembre de 2016

Madrid Negro. Barcelona Negra.




Recuerdo una presentación a la que asistí de Santiago Posteguillo en la que comentaba que casi nunca podía enseñar a sus alumnos la totalidad de los autores sobre los que quería mostrar su obra, por lo que en más de una ocasión recurría a los relatos de dichos escritores. De esta forma, podía abarcar más. Digamos que he recurrido a la misma fórmula. En nuestro país hay numerosos y reconocidos autores en la novela policiaca tan en auge, circunstancia esta aprovechada por Siruela para publicar sendas antologías de relatos del género negro.

Se trata de una buenísima oportunidad de acercarse a estos escritores y disfrutar de una muestra de la calidad de sus obras. En una cuidada edición del guionista y periodista Ernesto Mallo, tenemos la ocasión de encontrarnos (o reencontrarnos, según los casos) con autores de la talla de Lorenzo Silva, Fernando Marías, Domingo Villar, Vanessa Montfort, Carlos Zanón, Andreu Martín, Toni Hill, Rosa Ribas etc.

Como en toda antología, unos relatos gustan más y otros menos, cada uno tiene su estilo, su propio enfoque,  pero es indudable que estamos ante un trabajo de altura. Cada uno de ellos está ambientado en un barrio de Madrid o Barcelona, y nos muestran  la cultura urbana existente y la diversidad de personas que la habitan.

Es imposible hablar aquí de todos y cada uno de ellos, pero sí os digo que algunos me han impactado de tal forma que tengo claro que leeré las novelas del autor que los ha escrito. Tal es el caso de Marta Sanz en "Jaboncillos Dos de Mayo": un alegato irónico sobre hipsters y la modernidad en Malasaña que me ha arrancado carcajadas pese a lo negro del relato; Vanessa Montfort pone la piel de gallina en "I don't like Mondays", con una inquietante y perturbadora niña de 6 años; Andrés Barba presenta en "Versiones de Luisito" una muy original propuesta contando una historia a través de los titulares de las noticias que al respecto se publican. 

En el caso de Barcelona Negra,  me ha encantado leer a Andreu Martín en "El resto de mi vida", encontrarme de nuevo con Toni Hill y sus "Especies Protegidas", un relato sobre el oscuro pasado de dos amigos que vuelven a coincidir en la vida. También he tenido ocasión de estrenarme (por fin) con Rosa Ribas y una dura historia de venganza o con Carlos Zanón en "El día que mataron a Leo".

No obstante, como comentaba antes, aunque destaque solo algunos,  son notables los dos volúmenes en su totalidad. Una apuesta segura.

 

martes, 8 de noviembre de 2016

Decisión encadenada. Pablo Carnicero de la Cámara.



En octubre os hablé de Pablo Carnicero y su serie negra protagonizada por Miguel Herrero. En esta ocasión os traigo la segunda entrega, "Decisión encadenada", donde Miguel se enfrenta a un misterioso francotirador  que imparte justicia por su cuenta (a lo Punisher). Dos criminales han sido asesinados a los pocos días de ser puestos en libertad, y eso hace temer que el siguiente sea Jano, uno de los mejores amigos de Miguel, que va a salir de la cárcel tras cumplir condena por un asesinato cuyas circunstancias y autoría nunca estuvieron claras. Nuestro protagonista tendrá que investigar por su cuenta para impedir que se cometa una injusticia. Para ello, contará con la ayuda de Oliverio y Raúl.

Insiste el autor en que no tiene más pretensión que la de entretener. Esa declaración de intenciones y esa humildad han hecho que nuevamente haya encontrado más de lo que esperaba. Nos encontramos ante la segunda parte de "Un tipo casi normal en una situación casi anormal". Si bien puede leerse de forma independiente, yo recomiendo empezar por la primera, por conocer al protagonista desde el principio y apreciar su evolución.

Me gusta el personaje creado por Pablo Carnicero. Miguel Herrero es un tipo con carisma, creíble, imperfecto, con un acentuado sentido de la amistad y la lealtad. Como ya os comenté la otra vez, es una versión "Made in Spain" de esos protagonistas de películas de acción que tan buenos momentos nos han hecho pasar en el cine. Esta segunda entrega tiene más elementos de novela negra y, si bien es cierto que he echado de menos las dosis de ironía de la anterior, he disfrutado también mucho de esta historia. 

Decisión encadenada es una lectura muy ágil, directa, entretenida que me ha durado, como la anterior, dos tardes. Además, deja en el aire un debate planteado directamente al lector: el de tomarte la justicia por tu cuenta. Me gusta cuando un libro me invita a reflexionar sobre determinadas cuestiones. En definitiva, creo que el objetivo que persigue el autor con esta novela se cumple, con creces, de modo que la recomiendo. 

Y si todavía no sabéis nada de Pablo Carnicero y el resto de sus obras, pinchad aquí.

lunes, 31 de octubre de 2016

El miedo. Ramón del Valle-Inclán.

"Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, solo lo he sentido una vez. Fue hace muchos años, en aquel hermoso tiempo de mayorazgos, cuando se hacía información de nobleza para ser militar..."


Dada la fecha en la que nos encontramos, me ha parecido apropiado traer al blog este magistral relato de Valle-Inclán. Se publicó por primera vez en un periódico en 1902 y fue reproducido en diversos periódicos y revistas de la época. Está considerado como uno de los cuentos más relevantes del autor y por eso es habitual encontrarlo en las antologías de su obra.

Nos encontramos ante un relato autodiegético, narrado en primera persona por el protagonista, un anciano que comparte con el lector un hecho acaecido en su juventud: el joven acaba de obtener los cordones de Caballero Cadete. Antes de entrar en el Regimiento del Rey como granadero, su madre quiere que reciba la correspondiente bendición en el pazo familiar de mano del Prior de Brandeso. Allí se disponde a hacer exámen de conciencia, acompañado de su madre y hermanas pequeñas, cuando tendrá lugar un escalofriante suceso...

En tan solo una páginas, Valle-Inclán nos presenta a un joven maleable, sumiso y obediente, a sus hermanas pequeñas (muy secundarias), y a su madre, una mujer tradicional y de carácter. Pero, sin duda, lo más destacable en este relato es la ambientación en la que el autor logra introducirnos desde prácticamente el principio. Mediante retablos, sepulcros y velas, nos adentramos en la oscura capilla del pazo solariego, donde la atmósfera se vuelve tenebrosa y sobrecogedora, donde se intuye que va a tener lugar un misterioso y espeluznante suceso que causará  horror y miedo en los presentes.

Frases cortas y efectistas para una narración impecable y un cuento de lo más inquietante. Imprescindible.

"Tuve miedo como no lo he tenido jamás, pero no quise que mi madre y mis hermanas me creyesen cobarde, y permanecí inmóvil en medio del plebisterio, con los ojos fijos en la puerta entreabierta. La luz de la lámpara oscilaba. En lo alto mecíase la cortina de un ventanal, las nubes pasaban sobre la luna, y las estrellas se encendían y se apagaban como nuestras vidas".

Otras entradas publicadas en años anteriores por estas fechas:

miércoles, 26 de octubre de 2016

Muerte dulce. Félix G. Modroño.

 "El cortejo fúnebre ascendía con aire cansino hacia la cima del Colisa. Unas pocas plañideras lloraban sin excesiva convicción. Los demás rostros del escaso grupo denotaban más cansancio que tristeza. Solo una joven mujer parecía sentir la pérdida del difunto, misteriosamente asesinado. El sol de julio se mostró galante, atenuando la fuerza de sus rayos para incidir con suavidad en la muchacha. La rubia cabellera de Gorane Otamendi brillaba altiva sobre su ropaje enlutado. Era la única persona empeñada en acatar la última voluntad de su primo de ser sepultado en la ermita de San Sebastián y San Roque, en lo más alto de su querido monte."

Sí el lunes os contaba sobre "La sangre de los crucificados" que me había encantado, hoy vengo con "Muerte dulce", que me ha gustado más si cabe. En esta ocasión nos situamos en Balmaseda, 1683. Comenzamos conociendo a la joven Gorane Otamendi, cumpliendo la última voluntad de su primo, Pedro Urtiaga, que ha sido envenenado con una copa de vino. Sabiéndose en sus últimas horas de vida, Urtiaga escribe al doctor Zúniga poniéndolo en conocimiento de todo y pidiéndole un último favor: que investigue quién se encuentra tras su envenenamiento. Fernando de Zúñiga viajará a Balmaseda para esclarecer los hechos, esta vez en compañía de Pelayo, Leonor (que abandona el convento temporalmente con el pretexto de cuidar a su padre), Isabel (la ama de llaves) y su padre. Nuestro protagonista descubrirá pronto que la muerte de su amigo está relacionada con un juego recién nacido: el mus, y que no será la única que tenga lugar.

Nuevamente he disfrutado de la forma de contar de Félix. Ya desde el principio, con el funeral me he metido de lleno en la historia. El comienzo, así como lo que sigue al fragmento que comparto al principio, es detallado (que no lento), visual. Sientes la difícil subida al Kolitza, la combinación de verdes del lugar. No sé dónde he leído, pero juraría que lo he leído, que el autor hizo la subida para describirla posteriormente en la novela, y es que se nota el rigor que persigue en sus historias, algo que transmite no solo en el primer capítulo, sino también, por ejemplo,  cuando rinde homenaje al mus o cuando habla de la muerte por envenenamiento. Ese rigor se encuentra a lo largo de toda la novela, combinando ficción e historia a la perfección. 

No obstante, en esta ocasión, he disfrutado más de los personajes que de la ambientación y el contexto histórico-cultural, y es que se profundiza más en ellos. Me ha gustado ser testigo de la evolución de Zúñiga y de Pelayo, de conocer  más  sobre Leonor e Isabel, así como a secundarios como Gorane, un personaje que llega a confundir, y que es considerada de distinta forma según los ojos que la miran (desde los míos, del siglo XXI, una pelagarta).

Sorprendida gratamente con la primera entrega, con esta segunda he disfrutado muchísimo también. Mañana sale a la venta la tercera, una nueva aventura de este personaje que ya nos ha cautivado a tantos. Habrá que hacer una visita a la librería. Lo veo.
 
"Nuestro mundo íntimo se encuentra en guardia permanente. Las luchas interiores forman parte de nuestro ser. Y, aunque aparentemos coherencia y actuemos con ella, algo intrínseco de nuestra alma nos hará dudar cada vez que tengamos que elegir entre dos caminos."