martes, 31 de octubre de 2017

Lecturas inquietantes: recomendaciones.


Sin entrar en consideraciones sobre Halloween, las costumbres importadas, el Día de los Santos y demás, hoy os traigo una selección de mis lecturas (y relecturas) que suelo hacer en estas fechas (al pinchar en cada título se puede ver la reseña):



Nos encontramos ante un relato autodiegético, narrado en primera persona por el protagonista, un anciano que comparte con el lector un hecho acaecido en su juventud: el joven acaba de obtener los cordones de Caballero Cadete. Antes de entrar en el Regimiento del Rey como granadero, su madre quiere que reciba la correspondiente bendición en el pazo familiar de mano del Prior de Brandeso. Allí se disponde a hacer exámen de conciencia, acompañado de su madre y hermanas pequeñas, cuando tendrá lugar un escalofriante suceso... 



 
 Nuestra protagonista es Minia (nombre de una santa que fue asesinada y a la que Minia venera), una joven dulce, guapa y bondadosa que siendo niña se quedó huérfana. Sus tíos, los molineros Juan Ramón y Pepona, la adoptan. Sus padres adoptivos jamás la tratarán como a una hija, ni sus dos primos como una hermana, todo lo contrario: le encomiendan las tareas más duras del hogar y del negocio e incluso la maltratan. Los tíos de Minia reciben un aviso de desahucio por falta de pago, por lo que en breve deberán abandonar sus tierras. Es entonces cuando piensan en Minia como remedio de su precaria situación, aunque sea de una forma sangrienta...Por otro lado conocemos a  Don Custodio, boticario de la aldea, un hombre sobre el que circulan espeluznantes rumores sobre la forma en que obtiene sus recetas. ¿Qué papel juega él en todo esto? Pues hay que leer esta breve novela (o relato largo) para saberlo.




 En general, en las leyendas de Bécquer podemos encontrar alusiones a hechos  misteriosos o transmundanos, pero estos elementos destacan especialmente en algunas en concreto, como es el caso de "El monte de las ánimas". Esta breve leyenda soriana cuenta cómo el joven Alonso le narra a Beatriz (su prima) lo que ocurrió  en el referido monte en tiempos de los Templarios. Posteriormente, nuestro protagonista se ve obligado  a acudir al meritado lugar para intentar complacer a su prima durante la noche de difuntos.




Don Juan Tenorio es un drama romántico de José Zorrilla, escrito en 1844. Sin duda, este seductor de mujeres carente de toda moralidad es el personaje más célebre del teatro español. Todo comienza por una apuesta: Don Juan apuesta con otro joven para comprobar quién es capaz de causar más daño a su alrededor en el plazo de un año, saliendo airosos de ello. Esa apuesta da lugar a su vez a otra en la que Don Juan se compromete a enamorar a dos damas: la prometida de otro joven, para arrebatársela, y a una joven novicia, Doña Inés. Su alma se irá perdiendo más y más, pero el amor de Doña Inés lo ayudará a enfrentarse al infierno y a sus fantasmas...



 
Narrado en primera persona, nuestro protagonista acude a visitar a un viejo amigo, Roderick Usher, un peculiar y enfermizo artista que vive con su hermana, también enferma,  en una vieja mansión familiar y que le pide ayuda al encontrarse en un estado físico y mental delicado ante el misterioso ambiente que envuelve al caserón. Pronto, nuestro protagonista sentirá el influjo y las consecuencias de habitar en tan enigmático lugar. 




 Drácula cuenta la historia de Jonathan Harker, un joven procurador prometido con una chica llamada Mina Murray, que viaja a Transilvania para cerrar un negocio inmobiliario con un misterioso conde que acaba de comprar varias propiedades en Londres. Después de un peculiar viaje, Jonathan es recogido en el Paso de Borgo por un siniestro carruaje que le lleva a un castillo en ruinas. Todo allí es tenebroso y sombrío, y cuando Jonathan es consciente de ello puede que sea demasiado tarde...

¿Habéis leído alguno? Ya me contaréis.


viernes, 27 de octubre de 2017

#29 Pasen, lean, sientan y vean. Mujeres de papel.


"Al presentarnos al señor, este preguntó a mis hermanos: 'Pequeños, ¿qué queréis ser de mayores?' No recuerdo lo que contestarían, pero viendo que a mí no me preguntaba nada, teniendo toda la cabeza llena de sueños, me acerqué y le dije: 'Yo voy a ser capitán de barco'. 'Las niñas no son nada', me contestó mirándome. Por estas palabras le tomé un odio terrible a este señor. ¿Qué es eso de que las niñas no son nada?".

Comparte esta anécdota en sus "Memorias armadas" Concha Méndez, una de las figuras más atractivas del panorama vanguardista español de los años veinte y treinta. Ella es una de las muchas mujeres que han sido rescatadas del olvido en la exposición "Mujeres de papel: trazos de la Generación del 27", una muestra en mi ciudad que he querido compartir y traer aquí (ya adelanté algunas fotos en las redes). 


La finalidad de la misma ha sido destacar la influencia que estas mujeres tuvieron en la construcción de la sociedad y de la historia desde la cultura y el arte, dándoles la visibilidad que no tuvieron en su época en la literatura, música, teatro, periodismo y filosofía durante el primer tercio del siglo XX, no se ciñéndose únicamente a las sinsombrero. 


En ella me encontré también, por ejemplo, con la escritora, poeta y dramaturga Carmen Conde, la primera mujer que ingresó en la Real Academia Española en 1979 (silla K, sucesora de Miguel Mihura (lectores curiosos, podéis leer su discurso de aceptación, pinchad aquí), o con Ernestina de Champourcín, discípula de uno de los poetas más grandes que ha dado la Generación del 27, Juan Ramón Jiménez, y en cuya obra he tenido la oportunidad de sumergirme y conocer bonitos versos:

Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.


Esta exposición ha sido como un viaje en el tiempo. Me he trasladado a la residencia de señoritas de la época, he estado en su biblioteca, me he perdido entre sus documentos y objetos personales, entre sus publicaciones, sus fotos, sus inquietudes culturales. Me ha encantado reencontrar a unas y descubrir a otras (además de las ya mencionadas, estaban presentes grandes como María Teresa de León, Rosa Chacel, Clara Campoamor,  la pintora Maruja Mallo, y un largo etcétera). 


Por supuesto, me reencontré también con la filósofa y premiada escritora malagueña María Zambrano, considerada la ideóloga de la Generación del 27 (la primera foto es de su máquina de escribir, sus gafas y su matrícula en la Universidad). El reconocimiento a su obra ha sido lento, incluso tardío (como el de las demás) pero, como suele decirse,  más vale tarde que nunca. Y no me extiendo más, que nunca acabaría, porque lo cierto es que cada una de ellas merece una entrada propia en el blog.

En definitiva, una exposición de lo más completa, interesante e inspiradora sobre unas mujeres en cuya obra merece la pena adentrarse.

"Claro que hay que romper las barreras, 
pero ¿con qué ariete?" Rosa Chacel.


martes, 24 de octubre de 2017

H Negra. VV. AA.

"La justicia elige extraños disfraces."



Este libro fue un autorregalo de cumpleaños. Llegaba a las librerías a la vez que comenzaba una nueva edición de Granada Noir, acompañado de una exposición donde se muestran las ilustraciones que lo acompañan. En mi ciudad, sin embargo, me costó un poco dar con él.

En "H negra", Fernando Marías (cuya edición y prólogo corren a su cargo), reflexiona sobre la mujer en literatura y cine  negro clásico. Advierte que las mujeres, salvo alguna excepción, parecen limitadas a tener un papel de mujer fatal o novia redentora y, aunque el género ha evolucionado y poco a poco se va equilibrando la balanza, queda mucho por hacer.

En este volumen encontraremos veintidós relatos breves de autoras (aunque también tienen cabida periodistas, cineastas, dramaturgas y poetas actuales) a las que se les propuso escribir historias de género negro protagonizadas por mujeres, con una limitación: no podían pertenecer a las fuerzas de seguridad o a los mecanismos de la justicia. Solo hay una excepción a esta petición, y se encuentra en el primer relato, protagonizado por una investigadora.

Siempre defenderé los relatos, siempre resaltaré la capacidad de contar una historia, dar vida y crear un pequeño mundo en el que el lector se puede sumergir, la capacidad que tienen muchos de emocionar y hacer sentir con pocas palabras, además de permitir la aproximación a autores como paso previo (o posterior, según los casos) a leer sus novelas. En esta ocasión tendremos la oportunidad de leer a Nieves Abarca, Rosa Ribas, Empar Fernández, Espido Freire, Susana Hernández y Marta Robles, entre otras. Además, cada relato va acompañado de una ilustración a color que hace que la edición resultante sea digna de tener en nuestras estanterías (compartí algunas fotos en mi cuenta de Instagram). Así, encontraremos en el interior de la compilación el trabajo de ilustradores como Fernando Vicente, Sara Morante, Elena Odriozola, Javier Olivares...

Estamos ante un libro que he disfrutado de principio a fin y, aunque parezca ya muy trillado lo de que es difícil hablar de un conjunto de relatos, debo decir que sí que lo es. Hay de todo, unos me han gustado más que otros. Destacaría el "Brindis" de Rosa Ribas, sobre una investigadora que invita a llamar profesionalidad lo que otros llaman intuición femenina. La motorista de Clara Peñalver en su "Historia de una muerte",  me impactó. He disfrutado también con "El plan perfecto" de Nieves Abarca que, impregnado de perversiones y juegos sexuales, no acaba según lo esperado. Me encantó (por su inesperado giro) "Hombres poco corrientes", de Susana Hernández. Con "La última Victoria" de Berta González Harbour me llegué a emocionar y "Marcela", de Mabel Lozano me hizo reflexionar, por la prostitución y la trata de blancas en la que tan implicada está la cineasta.

Sé que muchos al leer esta entrada dirán "no me gustan los relatos". Una lástima, porque el título que hoy os traigo es de calidad y merece realmente la pena.

lunes, 16 de octubre de 2017

Celeste 65. José C. Vales.



Llegó Celeste 65, y había que leerla. Esta vez no he dejado pasar el "boom". Tras "El pensionado de Neuwelke" y "Cabaret Biarritz" (ganadora del Premio Nadal en 2015), tan distintas entre sí, tenía curiosidad por saber el sendero por el que continuaría el escritor zamorano  José C. Vales. Basta abrir el libro ("Los pecados estivales 2") para averiguarlo e intuir que se avecinaban horas de diversión, como así ha sido.

Nos encontramos a mediados de los sesenta. Conocemos a Linton Blint, un hombre amargado al que ya siendo pequeño le dejaron claro que nunca llegaría a ser nadie. Su debilidad mental, su falta de carácter e inoperancia social hacen de él un auténtico incompetente. Por eso decide hacerse entomólogo, pues parece que los insectos son seres ajustados a su personalidad. Su psiquiatra, la doctora Val,  de labios freudianos y rodillas francesas, lo achaca todo a un terrible suceso de la infancia del que fue testigo. Tampoco supone consuelo alguno para nuestro protagonista la convivencia con su esposa Laurine y la tía Mildred, que huele a muerto y parece descomponerse en vida. A todo ello se suma el despido de Linton ante el grave acciedente que tiene lugar en el St Christopher College. 

Dadas todas estas circunstancias (y alguna más), Linton se ve obligado  a huir de Inglaterra. Se convierte en Nigel y viaja a Niza, donde en pleno verano se encontrará con lo mejor de lo mejor de la sociedad de la época. Allí conocerá a Celeste Levv, sobrina de un famoso anticuario judío que va a Niza para adquirir varios objetos en una subasta. Celeste es alegre, inteligente, muy vitalista, y  acompañará a Nigel en sus andanzas por Niza.

Nuevamente he disfrutado con esta hilarante novela. Raro es el capítulo que no te arranca una sonrisa ya en su primer párrafo (eso si no lo hace antes el nombre del capítulo en sí), y si tenemos en cuenta que los capítulos son muchos, muy breves, y que se suceden casi sin darte cuenta...la diversión está asegurada en todas sus páginas. Ha sido un placer asistir de nuevo a esta ejercicio de ingenio, de humor inteligente, ironía y sátira característicos del escritor,  donde todos reciben: escritores (poetas incluidos), lectores, el panorama cultural,  la sociedad en general...

Una vez más el desenlace de la novela queda en segundo plano, porque es la estancia en Niza, en ese inolvidable Hotel Negresco, donde disfrutaremos viendo a Nigel salir poco a poco de su aletargamiento social ante la presencia, por ejemplo, de Grace de Mónaco, y es que Celeste 65 está llena de guiños y referencias cinéfilas (¡My fair lady!), musicales y literarias (incluso a sus trabajos anteriores).

En definitiva, lo último de José C. Vales me ha gustado más que lo anterior (pero no más que El pensionado,  que soy una sentimental). Una novela divertida, original y con banda sonora propia. Muy recomendable.



viernes, 13 de octubre de 2017

#28 Pasen, lean, sientan y vean: ¿Eres humano?.



Hace una semana llegaba a las pantallas Blade Runer 2049. Sucede que, como en otros ejemplos del género, esta película nace bajo la alargada sombra de su predecesora, Blade Runner, la adaptación del clásico de Philip K. Dick. Y bueno, aunque no tiene el efecto sorpresa ni el impacto de la primera, Blade Runner 2049 me ha parecido de una belleza visual apabullante y, con matices, todo un regalo para los sentidos. Sin embargo, la generalidad tiende a ser feroz con ella. ¿Os suena? Parece que la historia se repite...

A colación de este estreno surge un tema recurrente en la ciencia ficción: el límite entre lo artificial y lo natural, cuando los replicantes se preguntan por el sentido de su existencia, se descubren teniendo sentimientos, capaces de disfrutar viendo caer la nieve o sintiendo la lluvia en la piel. Se muestran más humanos que los individuos. La creación acaba superando al creador,  que, a su vez,  se muestra como sonámbulo deshumanizado al borde de un precipicio vital y apocalíptico. Y entonces surge la pregunta: ¿qué nos hace humanos?

Para saberlo, en la película original se recurre a un test de referencia, el test de empatía llamado Voight-Kampff. Se dice que para el referido test,  Philip K. Dick se inspiró para su novela en el creado por Alan Turing, el conocido test de Turing, la prueba de fuego de la inteligencia artificial, el que dilucida si un ordenador puede pensar, si estás interactuando con un ser humano o con una máquina.

Sin embargo, hay una diferencia sustancial entre ambos. El de Dick se basa en la empatía, y el de Turing en la inteligencia, por lo que parece más probable que el autor siguiera la estela del experimento de asociación de palabras del psiquiatra Carl Gustav Jung (ese en que a la persona se le dicen una serie de palabras-estímulo a las cuales debe responder con la primera asociación que venga a su mente).


Alberto Ibort, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, me hizo reflexionar sobre todo esto recientemente, al preguntarse en un artículo si era posible medir la "humanidad" de determinados entes, ya que viceversa sí ocurre. Sí, amigos,  algunas máquinas miden nuestra condición de humanos en gestos habituales como, por ejemplo, introducir en una web un código CAPTCHPA (Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart). Da que pensar...

Y tú... ¿Te habías parado a pensar en ese gesto cotidiano? ¿Piensas que llegará el día donde la realidad supere la ficción? ¿Crees que el vecino de arriba y el panadero son replicantes? ¿Eres humano? ¿Sueñas con mascotas eléctricas?  Os dejo este temita de fondo para reflexionar. Feliz Viernes. 

martes, 10 de octubre de 2017

Decíamos ayer... De Profundis. Oscar Wilde.

"También tengo que aprender a ser feliz. Antes sabía serlo o creía saberlo por instinto. En mi corazón reinaba siempre la primavera, la alegría de vivir era pareja de mi temperamento. Como se llena una copa de vino hasta los bordes, colmé yo  mi vida de placeres. Ahora me acerco a la vida con una visión completamente nueva, y a menudo me será muy difícil concebir tan solo la felicidad."




Oscar Wilde (1854-1900) se encontraba en los más alto allá por 1895. Casado con Constance Lloyd, con dos hijos, social y literariamente muy bien posicionado, parecía que había alcanzado el techo de la felicidad, pero no fue así. En 1891 conoció al hijo del Marqués de Queensberry, con quien trabó una amistad demasiado íntima. Posteriormente, el Marqués le tachó de sodomita, y abrió un proceso contra Wilde, lo que llevaría a este a ingresar en la prisión de Reading durante dos largos años.

Es allí donde el autor  escribe a Bosie (Lord Alfred Douglas),  haciendo balance de su vida y de lo sucedido, y es en ese momento cuando el lector se convierte en testigo de su personal y dantesco descenso a los infiernos. Nace así "De Profundis", obra póstuma denominada inicialmente "Epistola in Carcere et Vinculis".

Despojado de su familia, de su nombre, de su posición y de su éxito, el escritor reflexiona sobre su obsesión por Bosie, una obsesión que le llevó a olvidarse de su incondicional mujer e hijos. Wilde se muestra vulnerable y sensible ante el conquistador, caprichoso y embaucador lord. El lector se siente impotente presenciando cómo tropieza con la misma piedra una y otra vez, cómo perdona todo oprobio, engaño y abuso en tan lamentable relación. Wilde es ninguneado, abandonado ante la enfermedad, es víctima del brutal maltrato psicológico al que es sometido; fue víctima permanente de la ambición y del egoísmo del deletéreo amante Bosie, un joven inmaduro cegado por el odio que no solo abandonó a Wilde en los malos momentos, sino que siguió aprovechándose de él al hacer públicas las cartas que aquel le escribía. Pese a ello, el autor tan solo invita a la reflexión, sin odio alguno entre sus letras.

De profundis es el balance de una vida, el arrepentimiento de los errores cometidos, la necesidad de expiación y de empezar de nuevo, de ser feliz y sobreponerse a los acontecimientos, y es que en esa soledad entre cuatro paredes Wilde ve destellos de luz, de esperanza. Se adentra en la espiritualidad y descubre la figura de un Cristo humano a través de su propia experiencia, sobre lo que reflexionará en profundidad.

El escritor comienza a pensar que tanto sufrimiento le ayudará a reconstruir  su vida y encontrar la paz en un nuevo camino presidido por la humildad, despojado de todo materialismo. Ve nuevas posibilidades en el arte y en la vida en general, tiene nuevos propósitos, propósitos que, lamentablemente, no llevó a cabo cuando, arruinado al salir de la cárcel, intentó llevar una nueva vida con un nuevo nombre en París... pero no pudo ser. Murió el 30 de noviembre de 1900 a causa (al parecer) de una meningitis.

Un libro conmovedor cargado de reflexiones donde el lector se adentra en el alma torturada del escritor, donde no quedarás indemne tras la lectura, donde llegas a sentirte como un intruso por la intimidad revelada. Estamos ante una lectura inolvidable; en mi caso,  fruto de una conversación casual con mi socia en la que acordamos leerlo y comentarlo juntas (hasta ahora solo había leído fragmentos). Imprescindible (a ser posible, con una traducción decente).

"Ya he dicho que tras el dolor siempre está el dolor, pero es mejor decir que tras el dolor siempre hay un alma,  y burlarse de un alma torturada es una cosa horrible. La vida de quién tal hace no puede ser hermosa."



martes, 3 de octubre de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca. Hiromi Kawakami.



Hiromi Kawakami  (Tokio, 1958) estudió Ciencias naturales  y fue profesora de Biología, hasta que publicó su primera novela. Sus trabajos han recibido numerosos premios literarios. Este es el primer libro suyo que leo.
Tsukiko tiene 38 años. Es una mujer solitaria e independiente. Frecuenta una taberna al salir del trabajo, donde come siempre algo antes de volver a casa. Ella es quien nos cuenta que un día se encuentra allí a su profesor de japonés del instituto, actualmente bien entrado en la tercera edad. Él la reconoce, pero ella casi no lo hace, pues no le entusiasmaban sus clases ni guardaba ningún recuerdo significativo de él. A partir de ese día, comenzarán a coincidir con frecuencia, compartirán su soledad y nacerá entre ellos una relación muy especial.

Tsukiko nunca llama al profesor por su nombre (Harutsuna), le llama "maestro". Entre ellos surge una especie de pacto tácito: no intercambian los teléfonos, no quedan ningún día ni a ninguna hora en concreto, pero se buscan cuando acuden a la taberna. Allí comen, beben, hablan de todo y de nada. Cuando Tsukiko acude a la taberna y no se encuentra con él, lo echa de menos. Nuestra protagonista va notando cómo el maestro empieza a estar presente en su cabeza y en su corazón, pese a la diferencia de edad (unos treinta años) y lo serio, distante y chapado a la antigua  que es. Sin embargo, él parece, a priori,  no vivir la relación que tienen del mismo modo que ella...

Compré este libro hace unos seis años, cuando estaba editado por Acantilado (ahora por Alfaguara), pero no ha sido hasta hace relativamente cuando lo he leído. Estamos ante una novela que no puedo recomendar a todo el mundo. De hecho, a día de hoy todavía ando procesándola,  pues hay momentos en los que la decepción me ha podido, los diálogos no me parecían creíbles y la historia casi no avanzaba, por no hablar de que la gastronomía japonesa, que no solo no me gusta, sino que me da grima, y aquí está muy , pero que muy presente. No obstante, hay otros momentos en los que algunos acontecimientos y el estilo poético de la narración me han conmovido (especialmente la parte final).

Es una novela pausada y, en cierto modo, algo contenida, que cuenta más entre líneas, va más allá de las palabras. No hay romanticismo ni azúcar, sino gestos imperceptibles, cotidianos,  soledad y sabores compartidos. Nada es idílico, tampoco los personajes, que se muestran muy naturales e imperfectos, alejados de estereotipos, como la historia en sí (algo que me ha encantado, por cierto).  Tsukiko es inconformista, poco femenina en su estilismo, llena de manías y rarezas.  El maestro anda encorvado, nunca se separa de su maletín, las arrugas ya protagonizan casi todo su cuerpo. Es un hombre tradicional, algo seco y arisco.

La literatura japonesa no está muy presente en mis lecturas, y eso ha podido influir en que no haya sabido llegar al tesoro que encierra esta historia. El cielo es azul, la tierra blanca tiene una adaptación manga y otra cinemátográfica y, hablando de cine, me ha resultado inevitable pensar en la película "Lost in translation", curiosamente una de mis favoritas, y digo curiosamente, porque ni de lejos me han gustado por igual pese a las similitudes.

Llegados a este punto, solo puedo repetir lo dicho unas líneas más arriba. No puedo recomendarla. Tampoco no hacerlo. La decisión es vuestra.