martes, 31 de enero de 2017

Nosotros en la noche. Kent Haruf.


  Louis Waters y Addie Moore llevan gran parte de su vida siendo vecinos en una pequeña localidad de Holt, Colorado. Ambos enviudaron hace años y se encuentran en el ocaso de sus vidas. La soledad pesa, especialmente de noche, donde el insomnio es el principal acompañante en la cama. Un buen día, Addie se planta en casa del vecino y, aunque titubea al principio y está a punto de echarse atrás, le plantea a su vecino,  con toda la naturalidad del mundo, si quiere ir a su casa a dormir con ella.

-Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo.
-¿Cómo? ¿A qué te refieres?
-Me refiero a que los dos estamos solos. Llevamos solos demasiado tiempo. Años. Me siento sola. Creo que quizá tú también. Me pregunto si vendrías a dormir por la noche conmigo. Y a hablar (...) Hablo de pasar la noche. De acostarse calentitos, acompañados. Meterse juntos en la cama y que te quedes toda la noche. Las noches son lo peor, ¿no crees?
-Sí, ya lo creo.

  A veces en lo sencillo se encuentra lo conmovedor. Esta novela es sencilla y profundamente conmovedora. Muchos ya la habéis leído. Yo he tardado algo más. ¿El motivo? Desconfiaba. Me parecía que partía de una premisa poco creíble, pero fue suficiente leer la primera página para saber que me equivocaba y que estaba ante una historia que me dejaría huella. Estoy ante uno de esos casos en que tengo la sensación de que, por mucho que os cuente mis impresiones, me voy a quedar corta. Solo puedo decir que es una novela de menos de 130 páginas, cargada de diálogos, se lee en una tarde, pero permanecerá con vosotros mucho tiempo.

Addie y Louis cautivan al lector inmediatamente. Asistimos a la evolución de su relación, que de ser un poco extraña se va afianzando nocha tras noche, cuando comparten sus secretos, sus inquietudes,  su presente y su pasado. Poco a poco las noches saben a poco, querrán pasar más tiempo juntos, y tendrán que enfrentarse a las habladurías del pueblo y de la propia familia de Addie. Llega la incomprensión y la falta de empatía, unas circunstancias que, a determinada edad, se gestiona de forma difererente. 

No es que las personas de la tercera edad sean diferentes, pero sí que es verdad que observamos a menudo (me pasa con mi propia madre) que la experiencia y todo lo vivido hace que relativicen muchas cosas o que factores como el qué dirán pasen a un segundo plano, aunque después todo eso, en muchos casos, pase factura. Es el aspecto que creo más me ha gustado de la historia: la forma de plasmar en sus páginas esa óptica, esa nueva perspectiva de la vida, del amor y de la familia que se alcanza al llegar a cierta edad,  en la que todavía queda mucho por hacer y por vivir.

Este es el último libro de Kent Haruf. El premiado autor falleció con 71 años tras entregar las correcciones. Espero poder leer sus anteriores títulos (cuatro, sin contar este, según tengo entendido) . En cuanto a "Nostros en la noche", espero ansiosa su adaptación al cine. Maravilloso.
 

martes, 24 de enero de 2017

La felicidad conyugal. Lev Tolstói.


La felicidad conyugal (1859) es una joya de la literatura rusa que llegó a mis manos un Día del libro en forma de regalo de mi socia Marilú. A Tolstói ( 1828-1910) le bastan 173 páginas para hacer una radiografía profunda, reflexiva y veraz sobre el amor en sus distintas etapas. Y para ello da vida y voz, nada más y nada menos (está narrado en primera persona), que a una joven de 17 años, Masha. 

Tras la muerte de su madre, Masha se queda viviendo en su casa de la aldea (Pokróvskoe) con Katia, su institutriz de toda la vida, y con su hermana pequeña, Sonia. Casi nunca reciben visitas, solo las de Serguéi Mijáilich, un vecino cercano de 35 años, amigo del difunto padre de Masha, que lleva los documentos y gestiones relativas a la propiedad y herencia a raíz de la muerte de la madre de nuestra protagonista.

Pese a la diferencia de edad, Masha no puede evitar sentirse desconcertada ante la presencia de Serguéi. Poco a poco descubre que las pequeñas acciones cotidianas como educar a su hermana, tocar el piano, ayudar en casa o leer cobran un nuevo sentido. Hasta las pequeñas cosas parecen extraordinarias: se está enamorando. Serguéi no es indiferente a este sentimiento, pero le advierte sobre las consecuencias de la diferencia de edad entre ambos si deciden casarse. Su concepto de felicidad se encuentra en la tranquilidad de una vida sencilla en el campo, mientras que ella aún es muy joven y le queda mucho por vivir. Ella niega la posibilidad de que eso ocurra, pero lo cierto es que la rutina llegará a su vida, y con ella las ganas de descubrir qué hay más allá de la vida en la aldea. Llegará  la curiosidad y las ganas de experiementar propias de una joven de su edad...

 A partir de aquí, asistiremos a la evolución de la relación de ambos a lo largo de los años, cuando lo apasionado y lo febril da paso a la tranquilidad y el sosiego o al querer cosas distintas en la vida; los altibajos y las posibles crisis en el matrimonio, diversas etapas que el autor, en definitiva,  describe con un estilo detallado, poético, elegante, realista,  y en las que prefiero no profundizar, pues creo que es el lector quien debe hacerlo al acompañar a la protagonista a lo largo de su vida.

 Decir que me ha gustado la lectura es quedarse corta. El tema de fondo, el amor y su forma de entenderlo, su evolución a lo largo de un matrimonio, la inexperiencia, la ilusión, la serenidad, la decepción o el conformismo que aflora a veces, son temas que siguen estando de actualidad y que el autor refleja con maestría. Para él no desaparece el amor, sino que se transforma: menos idílico, pero más maduro,  según las circunstancias.

 Considero que estamos ante una lectura imprescindible, a la que solo le pongo una pega, y son algunos errores de traducción con los que tropecé al comienzo del libro. Por lo demás...maravilloso,  una obra maestra, y como este mes Cazando Estrellas ha cumplido siete años, os anuncio que habrá sorteo...
 

martes, 17 de enero de 2017

La capital del mundo. Gonzalo Garrido.


Ha comenzado un nuevo año y  poco a poco voy retomando mi actividad bloguera. Lo cierto es que, aunque el tiempo tampoco me sobra, como a muchos de vosotros,  ya tenía ganas de volver y visitar también vuestros rincones literarios.

Pese a tener reseñas pendientes, soy consciente de que no tengo que dejar constancia de todo lo que leo, así que he decidido empezar con este título, el primero que he leído este año. Conocía al escritor Gonzalo Garrido, sus títulos (pinchad aquí si os interesa saber más de él), pero no me había decidido a leer ninguno de ellos. Han sido las redes sociales las que me han animado a leerlo. Las redes pueden alejarte de un autor, pero también acercarte, y es justo lo que me ha pasado con este señor. Su peculiar sentido del humor y el arte que tiene manejando la ironía han hecho que soltara auténticas carcajadas en momentos en los que no lo habría esperado, de modo que decidí leer uno de sus libros ( y ya os adelanto que no será el último): La capital del mundo.

Ambientada en la ciudad de Bilbao, conocemos a Ricardo Malpartida, un taxista reconvertido en detective privado de los bajos fondos, inadaptado, amigo íntimo del alcohol y de las mujeres, padre de una hija en edad complicada... padre que no sabe muy bien cómo serlo. Acostumbrado a casos de poca monta, se ve sorprendido cuando acude a él la viuda de Ángel Mato, un científico de renombre y catedrático de la Universidad cuyo cadáver ha sido encontrado, siendo la versión oficial la del suicidio, hipótesis en la que no cree su mujer. Malpartida acepta el caso como una oportunidad de ganar mucho dinero y dar un gran salto en su profesión, aunque pronto comprobará que Ángel Mato tiene más capas que una cebolla, y que tras su asesinato se ocultan tramas e intereseses que pueden poner en peligro su propia vida y la de los que le rodean, si se empeña en sacar la verdad a la luz.

 He disfrutado mucho de esta novela en general. Es una novela muy ágil, contada en tercera persona, cargada de diálogos y capítulos cortos, alternados con otros narrados en primera persona que nos sorprenderán al final. El personaje de Malpartida es un antihéroe que de entrada puede general rechazo, pero que acaba ganándose al lector; un hombre mediocre en su vida profesional, fracasado en muchos aspectos de la personal, incapaz de comprometerse, y cuyo consuelo se encuentra en el alcohol. He visto este perfil en el cine y en la literatura, y una vez más el personaje ha terminado gustándome. En su investigación, Malpartida estará acompañado de secundarios también peculiares, como una prostituta, algunos confidentes o un portero alérgico al polvo, personajes que también he encontrado muy bien elaborados.

El autor arriesga con su mezcla de humor, ironía y la mordacidad en muchas reflexiones. Nadie ni nada escapa de la crítica: su propia ciudad, la manipulación de los medios de comunicación, los políticos, los empresarios, los jueces... y lo hace, bajo mi punto de vista, de forma muy acertada. En definitiva, por si no ha quedado claro, recomiendo sin dudar esta novela.