martes, 26 de julio de 2016

La decisión de Sophie. William Styron.


 Pues volvemos a la literatura de calidad, a esa que es ineludible y que ineludiblemente tenemos que leer (y en este caso, ver también su adaptación cinematográfica de 1982, que le valió el Oscar a Meryl Streep).

Stingo, como muchos conocían a William Styron, escribe la novela a partir de un sueño donde recuerda a una mujer a la que conoció hace años, por lo que, al menos en sus primeras páginas, el libro tiene muchos componentes autobiográficos.

Despedido de una editorial, nuestro narrador se muda a una casa de huéspedes en Brooklyn, donde conocerá a Sophie, una católica polaca superviviente del Holocausto. Sophie mantiene una relación tormentosa, tóxica y destructiva con Nathan, un judío de gran temperamento. Stingo se verá irremediablemente atraído por Sophie y pasará a formar parte de su vida.

Nos encontramos ante una novela coral de ritmo pausado, donde este peculiar triángulo formado por Stingo (el narrador), Sophie y Nathan, se nos presentan como unos personajes llenos de matices, realismo, cargados de profundidad,  y con toda una historia que contar, destacando Sophie. Escrita en primera persona, Stingo comparte con el lector la vida de esta mujer con deseos de ser oída, amada, perdonada...Una mujer  llena de confesiones, mentiras y alguna traición; poco a poco vamos conociendo el terrible pasado que la atormenta, un pasado donde la tragedia está presente tanto en ella como en su familia, llegando a tomar decisiones (especialmente esa "decisión" que da título a la novela) cuyas consecuencias la persiguen a lo largo de su vida. 

Antes comentaba que el ritmo de la historia es pausado, pero no es una lectura que resulte pesada o lenta, y creo que ello se debe a la maestría del autor para mezclar géneros, pues aquí encontramos género epistolar, dosis de humor y disquisiciones sobre las cosas más diversas y antagónicas. En tan solo unas páginas el lector pasa del drama a la risa, sin que en ningún momento resulte chocante. 

De obligada lectura, al igual que el completísimo y minucioso epílogo de Javier García Sánchez que acompaña la presente edición. El libro se acaba. Sophie permanece. Un clásico ineludible.

martes, 19 de julio de 2016

Quince perros. André Alexis.

"Un entendimiento perfecto entre dos seres
 no es garantía de felicidad."




Lo eterno a veces aburre, claro que sí. Los dioses lo saben, y... ¿qué mejor que distraerse con los humanos y habitantes de la Tierra en general? Apolo y Hermes se encuentran de visita en nuestro planeta. Se encuentran en un bar departiendo sobre lo humano y lo divino. Apolo cree que los hombres están condenados a no entenderse, que son completos ignorantes con respecto a lo que significan sus palabras para los demás. Hermes, en cambio, cree que la conciencia y el lenguaje dan la felicidad. Ambos deciden hacer un experiento y una apuesta que no gustará nada a Zeus: acuerdan conceder palabra y pensamiento a quince perros que están pasando la noche en una clínica veterinaria cercana...

"Esos pobres perros  no tienen las mismas capacidades que los humanos. No están hechos para soportar la duda ni para saber que algún día morirán. Con sus sentidos e instintos, sufrirán el doble que los humanos."

 Estamos ante una de las propuestas más originales que he visto en literatura en los últimos tiempos. Con un estilo narrativo sencillo, nos vamos adentrando en una historia muy reflexiva, con toques filosóficos, donde el humor, la emoción y la crueldad también tienen cabida.

"Cada uno reaccionó de manera diferente a su nueva condición. A Atticus la situación le parecía intolerable. Bastante traumático resultaba ya saber que uno era un simple perro, como para vivir en un mundo en el que los otros perros te trataban como si no fueses de los suyos (...) Prince era el único que aceptaba totalmente aquel cambio en su conciencia. Era como si hubiese descubierto un nuevo modo de ver, una perspectiva que volvía extraño y maravilloso todo lo que había conocido hasta entonces (...) Benjy era el que mejor se había acomodado a la nueva manera de pensar. De naturaleza egoísta, ponía su inteligencia casi exclusivamente al servicio de sus caprichos, necesidades y deseos."

Instinto vs razón. Vamos conociendo la evolución de cada uno de los perros. En algunos prevalece el instinto y la mentalidad de manada y jerarquía. Otros sufren un auténtico conflicto de identidad, y hay quien desarrolla las características humanas más oscuras: egoísmo, doblez, ansia de poder, hasta el punto de que varios perros llegan a adquirir un carácter extremadamente violento. La conciencia se presenta como una bendición o una maldición, según los casos, y el autor logra que tomemos la hipótesis como cierta, que nos parezca creíble que algo así pueda suceder, de tal modo que, como dice Eduardo Mendoza "uno acaba con la certeza de que los perros del mundo le ocultan algo".

"Majnoun nunca hubiese pensado que la inteligencia pudiera tener nada que ver con el estatus. Le pareció que aquello que los humanos denominaban inteligencia era, en todos los sentidos, inferior al conocimiento que él recordaba haber tenido en su antigua vida de perro, la vida que había llevado antes de que el pensamiento lo tocase de refilón. Cuando llegó a la conclusión de que Miguel le concedía a Benjy un estatus superior porque el beagle rodaba por el suelo y se hacía el muerto, Majnoun se quedó pasmado."

 Esta novela de tan solo 186 páginas es de los que no se van de tu cabeza fácilmente. No he dejado de darle vueltas a cómo enfocar la reseña, pues tenía la sensación de no transmitir lo conveniente y necesaria que considero esta lectura, lo que me ha gustado y cómo me ha dejado huella con las reflexiones que me ha llevado a hacer. Os aseguro que estos quince perros no os dejarán indiferentes. Por favor, leedlo.

"Por gris que fuese el mundo, seguía plagado de olores. Algunos humanos resultaban indescifrables o inestables. Podían cambiar de humor en un segundo y pasar de la bondad al instinto asesino sin previo aviso."


martes, 12 de julio de 2016

El silencio de las tierras altas. Steinar Bragi.




Literatura escandinava ideal para el periodo estival, así definiría "El silencio de las tierras altas", un thriller psicológico de tintes paranormales que no deja indiferente. Dos jóvenes parejas de clase acomodada deciden pasar un fin de semana fuera, alejados de la rutina de sus estresantes vidas, alejados del mundanal ruido. El destino elegido son las tierras altas de Islandia, un desierto volcánico donde no hay cobertura de móvil y donde apenas hay habitantes.

Una espesa niebla propicia un accidente que los dejará sin coche; el vehículo queda empotrado en el muro de una casa propiedad de unos ancianos que les ofrecen hospedaje. Pronto se darán cuenta de que deben salir de allí, pero no será nada fácil conseguirlo.

Estamos ante una novela tremendamente ágil y adictiva, que nos adentra rápidamente en un clima oscuro, inquietante y hostil. Con tan solo unas pinceladas, sin saber realmente qué está ocurriendo, el lector siente la angustia de los personajes en cada intento de volver a casa, y en cada fracaso que los obliga inexorablemente a volver a la misteriosa propiedad en medio de la nada, con sus espeluznantes dueños.

Este clima opresivo y aterrador, acrecenta las tensiones emergentes entre los miembros del grupo, lo que sacará lo peor de cada uno de ellos, dejando al descubierto las adicciones, tormentos y frustraciones subyacentes en su interior, así como la interrogante: ¿son realmente amigos? Mediante capítulos intercalados con la trama principal, vamos conociendo a cada uno de los protagonistas, lo que los ha llevado a ser cómo son, acentuándose así el componente de  crítica social que también encierra esta historia.

La diferencias culturales no han impedido que disfrute de la lectura (el hecho de que ante las circunstancias en las que se encuentran se pongan a beber y fumar como si no hubiera un mañana, es algo que a casi ninguno de nosotros nos cuadraría, lo que atribuyo a un factor cultural). Lo que sí me ha impedido el pleno disfrute de la lectura es el final, por ser injustamente abierto. Siempre digo que esto es cuestión de gustos, pero creo debo avisar que este es uno de esos libros en los que se disfruta del viaje, no del destino.


martes, 5 de julio de 2016

El beso del canguro. Eugenia Rico.

"Nadie va al funeral de los que mueren por dentro.
 Ni siquiera ellos mismos..."




Eugenia Rico (Oviedo, 1972) es Licenciada en Derecho y Relaciones Internacionales. También estudió Arte Dramático, aunque lo dejó todo por la literatura, donde cuenta ya con varios títulos en su haber.

En estos tiempos en los que están tan de moda esos memes cargados de frases motivadoras, esas citas ilustres que nos dicen que todo es posible, donde la psicología doméstica está llena de energía positiva, llega a mis manos este libro, donde todos esos mensajes carecen de sentido, porque hay quien nace con estrella y quien nace estrellado, y Lázaro, nuestro protagonista, pertenece a este último grupo.

Hijo de un maltratador, ya desde su infancia sus dramáticas circunstancias familiares y personales van determinando su destino, un destino en el que conocerá el desengaño amoroso, la decepción de la amistad, el engaño de aquellos en los que confiaba. Pero Lázaro es un superviviente, es un luchador nato, y esta es su historia, contada en primera persona.

Acompañaremos a Lázaro hasta su madurez, en un recorrido de lo más variopinto, porque el infierno es un círculo y el cielo una línea recta, y entre tanta oscuridad, a veces se filtran rayos de luz, y hay quien, pese a todo, siempre está ahí presente, de una forma u otra, para ayudar. "El beso del canguro" es una especie de Lazarillo de Tormes del S. XXI (salvando las distancias). Una novela con pinceladas dramáticas, filosóficas, y donde el humor tambien tiene cabida. Narrada con un estilo impecable, la autora rinde todo un homenaje al género picaresco, adaptándolo a los tiempos que corren.