miércoles, 17 de febrero de 2016

La joven que no podía leer, John Harding.

"Subí por la escalera principal, pisando con tanto cuidado como me era posible, pues era vieja y crepitaba como la puerta de la biblioteca. En el segundo piso todo me resultó desconocido a la tenue luz de la vela y, tras equivocarme varias veces antes de encontrar el pasillo correcto, por fin, me dirigí hacia la seguridad de mi habitación."




John Harding (1951) es uno de los novelistas contemporáneos más versátiles de Gran Bretaña. En sus inicios fue reportero y redactor de periódicos y revistas, pero pronto se centró en la literatura como ocupación única.

Con este título y esta portada tan atrayente no tenía otra opción que leer esta novela. A ello hay que añadir que se trata de una traducción de Alejandro Palomas. Nos encontramos ante una historia de tintes góticos y siniestros que nos mantendrá atentos a cada página hasta el desenlace final.

Nueva Inglaterra, década de 1890. El doctor Shepherd llega a una isla remota con el objetivo de formarse y adquirir experiencia como psiquiatra en un manicomio de mujeres  bajo las órdenes del doctor Morgan. Pronto será testigo de los tratamientos poco convencionales y de las duras e insensibles condiciones a las que se ven sometidas las internas, a lo que se suma una serie de episodios misteriosos que tienen lugar al caer la noche. Será entonces cuando el doctor Shepherd proponga llevar a cabo otro tipo de terapia con las pacientes, basada en el trato afectuoso y empático con las mismas. La interna escogida para probar el nuevo método será una joven, Jane Dove,  con amnesia a la que le apasionan los libros, pero que no sabe leer. Ella lo cambiará todo...

Narrada en primera persona, acompañaremos al doctor Shepherd en sus propósitos y en su día a día en la institución, y descubriremos que nada ni nadie es lo que parece, ni siquiera él...

John Harding crea un ambiente inquietante y misterioso, con varias historias en paralelo, que atrapa al lector desde el principio. Sus personajes están muy bien perfilados, hasta tal punto que, pese a sus sombras, llegan a despertar la simpatía y complicidad del lector. Muy recomendable.