martes, 29 de septiembre de 2015

Wayward Pines. El paraíso, de Blake Crouch.

" Desde su llegada a Wayward Pines, había experimentado miedo y añoranza, se había sentido desvalido, pero ahora había tocado fondo y la desesperación que sentía era absoluta."



Blake Crouch (1978) es filólogo y autor de novelas de suspense. Cuenta, al final del libro que os traigo hoy, que tenía doce años cuando el canal ABC emitió el episodio piloto de "Twin Peaks". Aquella serie le dejó subyugado y nunca la olvidó, hasta tal punto de obsesionarse con la idea de escribir algo que volviera a causarle las sensaciones que tuvo cuando vio la meritada serie, la causa principal de que con el tiempo se convirtiera en escritor.

Wayward Pines es una especie de homenaje o guiño inspirado por la creación de lynchiana de un pequeño pueblo en medio de la nada, bonito y acogedor por fuera, pero oscuro en su interior. Ethan Burke es un agente federal que, estando de servicio,  tiene un accidente de coche. Ethan se despierta horas más tarde, desmemoriado,  aturdido, sin dinero, sin móvil ni documentación. Poco a poco recuerda que iba a la búsqueda de dos compañeros desaparecidos. Se encuentra en el margen de un río, en un lugar donde la hierba es la más verde que ha visto nunca, donde su olor y el del agua inundan el aire; cerca, las casas de aire victoriano parecen impolutas, con patios perfectos. Nuestro protagonista de encuentra en un pueblo idílico lleno de colores puros y vívidos. Ha llegado a Wayward Pines. Poco a poco irá descubriendo que nada es lo que parece, y que su vida corre peligro.

Creo que este es uno de esos libros donde se debe contar lo menos posible y dejar que el lector acompañe al protagonista en su aventura. Con un estilo narrativo muy sencillo, visual y lleno de diálogos, nos encontramos ante una lectura francamente entretenida y adictiva, donde el autor logra que lleguemos a sentir el miedo, la opresión, la angustia y la desesperación de Ethan, que llega a dudar de su cordura, especialmente al intentar salir del pueblo y ver que es del todo imposible. Nos encontramos ante una historia que mezcla elementos de thriller psicológico, ciencia ficción, suspense, una historia que no da respiro y cuyas páginas se devoran. Mi única pega es que creo que al final no se aclaran todas las cuestiones sobre lo que sucede en el pueblo, si bien es un final cerrado.

Lamentablemente, me quedo con las ganas de ver su adaptación a la pequeña pantalla, dada su reciente cancelación.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

El cuerpo del delito: antología de relatos policiacos clásicos.


Recuerdo una presentación del escritor Santiago Posteguillo a la que asistí. En ella comentaba que había tantos libros por leer, y tantos clásicos que enseñar, que no sabía cómo darlos a conocer a sus alumnos de la universidad en tan solo un curso. Es por ello que en muchos casos recurre a los relatos para abarcar al máximo posible de autores en sus clases.

El cuerpo del delito es una recopilación de trece relatos policiacos clásicos, de extensión media, frutos en la mayoría de los casos de las publicaciones en las revistas de antaño. Siruela los presenta bajo una cuidada y bonita edición de tapa dura, así como un fantástico y didáctico prólogo de Juan Antonio Molina Foix. Estamos ante una selección de lujo donde encontraremos historias escritas por Dickens, Wilkie Collins, Poe,  Jack London, Oscar Wilde, Mark Twain etc.

Esta antología está presidida en su mayor parte por la ironía y el humor. Es imposible decantarse por un relato, todos son pequeñas  maravillas del género policiaco. Sirvan como ejemplos: "Tú eres el hombre", de Poe, donde los buenos no son tan buenos ni los malos tan malos en un misterioso caso de asesinato; "Cazador cazado", donde Wilkie Collins nos presenta a un peculiar detective con aires de grandeza; "El crimen de Lord Arthur Savile", donde Oscar Wilde nos habla de quiromancia y una mala interpretación del futuro que llevará a su protagonista a intentar cometer un crimen.

Como decía, todos y cada uno de ellos brillan con luz propia, aunque mención especial me gustaría hacer a "El robo del elefante blanco", de Mark Twain, por ser un relato divertido, hilarante, surrealista e incluso absurdo  en el que las risas están aseguradas. Me he sorprendido a mí misma soltando unas buenas carcajadas en momentos donde no creía que fuera posible.

 Sin duda no puedo más que recomendar este libro. Si no sois habituales lectores de esta clase de historias, así como del género al que pertenecen, acabaréis siéndolo. Palabra de Meg.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

El silencio del pantano, de Juanjo Braulio.




Hoy sale a la venta "El silencio del pantano" (Ediciones B), del periodista y escritor valenciano Juanjo Braulio (1972), una novela negra con una mezcla de elementos que la hacen muy entretenida.

Conocemos a David Grau, un miembro de la Guardia Civil atípico en varios sentidos. Grau será uno de los encargados de resolver el misterioso asesinato de Xavier Ros, un profesor y exconcejal valenciano que aparece muerto en el río Turia dentro de un saco siguiendo un antiguo ritual romano establecido para los casos de parricidio. 

Por otro lado, conocemos a un periodista convertido en escritor que publica sus novelas bajo el seudónimo "Q". ¿Que tiene que ver este autor con el asesinato que investiga la Guardia Civil? El libro nos desvelará este y otros puntos.

Juanjo Braulio nos presenta una historia ambientada en Valencia sobre la codicia, la corrupción y el lado oscuro del ser humano. Braulio emplea la ficción para hablar de la indignante realidad de "Los de siempre": los que mandan desde hace generaciones en política, en la  universidad, en todo. Los que frecuentan el Club de Tenis, de Hípica o se esconden tras sindicatos y partidos obreros. En definitiva, los envueltos en una falsa modestia que jamás predican con el ejemplo.

Tras el argumento principal encontraremos tramas y subtramas muy bien hiladas y documentadas (no deja lugar a dudas sobre la profesión del autor), que requieren y mantienen la atención del lector. Pero no solo encontraremos muerte y avaricia aquí, sino que las páginas de esta historia también están llenas de metaliteratura, guiños y referencias a, por ejemplo, Paul Auster o Patricia Highsmith, una mezcla de elementos que, como comentaba al principio,  hacen que la novela resulte densa y muy entretenida. Mi única pega es el final, para mi gusto muy abierto, aunque imagino que se trata de dejar paso a una posible continuación.

 Recordad, ya en librerías.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Elling. El baile de los pajaritos, de Ingvar Ambjørnsen.

"Es curioso cómo somos las personas. Tenemos un día bueno, o quizá tan solo un breve instante cargado de fuerza y belleza, y nos sentimos seguros de que hemos cazado al indio que llevamos dentro, o de que el budista zen de nuestra almaha llegado para quedarse. Y, a pesar de todo, tan pronto doblamos la la sigueinte esquina, la existencia nos vapulea."


¿Cómo somos las personas? ¿Cómo es Elling? y, sobre todo, ¿Quién es Elling? Elling es un treintañero introvertido, con una imaginación hiperactiva,  acostumbrado a sus rutinas y cuyo mundo, tras fallecer su madre, se tambalea al ser internado en un centro de convalecencia estatal (una institución psiquiátrica, se entiende). 

Conocí a Elling por recomendación de mi socia, y menudo acierto en la lectura, porque es un personaje sencillamente inolvidable. Elling se enfrenta a una etapa nueva en su vida en la que tendrá que convivir con personas en principio desconocidas; tendrá que compartir habitación con otro interno, pasar las primeras navidades sin su madre, etc. El lector le acompañará en ese viaje y acabará, al llegar al final de sus páginas, cayendo rendido a sus pies, porque estamos ante un personaje maravillosamente construido. Sus rarezas, su desconfianza y su habitual refunfuñar van dando paso a su nobleza, inocencia, a su nostalgia y  recuerdos de los tiempos vividos con su madre (y qué maravilloso personaje también esta madre).

Elling tiene ocurrencias con las que nos arrancará más de una sonrisa, y vivirá de forma tardía, por ejemplo,  la experiencia de tener su primer amigo de verdad o conocer personas que lo aprecian y se preocupan por él, un hecho que nos emocionará en más de una ocasión. Porque Elling es "diferente", pero sus disparates y su discapacidad no evitan la sorprendente lucidez de muchas de sus reflexiones.

Una novela divertida, tierna, entrañable, teñida con un poco de melancolía, IMPRESCINDIBLE. Y si hemos hablado de Elling, hablemos de su creador: Ingvar Ambjørnsen, un nórdico que no destaca por escribir novela negra, sino por analizar de forma realista el lado más sórdido de la vida, la soledad o la amistad.

El presente título forma parte de una tetralogía que la que Nórdica ha publicado ya dos títulos: este que os traigo y "Hermanos de sangre", que según mi experiencia, se pueden leer de forma independiente. Cuenta además con adaptaciones al cine y teatro que no me pienso perder.

Y vosotros, ¿conocéis ya a Elling? ¿A qué esperáis?

"A mí me parece que a veces refunfuñar es lo correcto. No hay que despreciar al refunfuñado justificado."

jueves, 10 de septiembre de 2015

La buena letra, de Rafael Chirbes.


"Qué tiempos más bonitos, cuando estábamos todos juntos y nos reímos y no nos faltaba lo imprescindible".




Hace ya más de un año, en una tarde de librerías y vinos, Marilú Cuentalibros venía entusiasmada hablando de Rafael Chirbes. Las dos lo conocíamos, pero no habíamos leído nada de él. Copa en mano, la socia comentaba que estaba leyendo "Crematorio" y sacaba de su bolso su kindle para leerme párrafos y mostrarme la grandeza narrativa del autor  (de hecho, fue la última vez que leyó a Chirbes en digital, quería tener sus libros en papel). Hace un mes,  a colación de su muerte, estuvimos hablando de leer algún título suyo y comentarlo y "La buena letra", una novela corta, fue el elegido. Una magnífica elección que sirvió para sacarme de una crisis lectora que empezaba a preocuparme. 

Ana, la protagonista, le cuenta a Manuel (uno de sus hijos) la historia de su familia. Así comienzan los capítulos breves e intensos en los que la protagonista hace balance, en el ocaso de su vida, de todo su pasado. Una historia cargada de sufrimiento, sacrificios propios de la guerra y posguerra, lucha, pero también de buenos momentos en los que la felicidad consiste estar junto a los tuyos, poder alimentarte y poco más. 

Chirbes remueve y conmueve con su forma de contar, sin caer en dramatismo al uso, dando vida y voz a una mujer con la que el lector empatiza de forma inmediata, un personaje muy creíble, real,  una mujer muy sencilla y cercana, una luchadora nata. Y es fácil que nos llegue porque, aunque no hayamos vivido en esa época ni en esas circunstancias, sabemos lo que es que tus mayores te hablen de personas o lugares que ya no existen,  que no has llegado a conocer y que para ellos fueron importantes y, seamos sinceros, no siempre prestamos mucha atención a esas historias que nos cuentan más de una y de dos veces. Tampoco nos resulta ajeno el hecho de que toda familia tiene sus luces y sus sombras,  y que a veces nos golpea la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor y que nada ha merecido la pena. Al final acabaremos conociendo el porqué de todo lo que Ana le cuenta a su hijo. Y la entenderemos más si cabe.

"Se trata, en su mayoría, , de nombres que a ti nada de dicen y que solo de vez en cuando has tenido ocasión de escuchar. Fueron mi vida. gente a la que quise. Cada una de sus ausencias me ha llenado de sufrimiento y me ha quitado las ganas de vivir."

Pero que nadie se equivoque: esto no es una novela más sobre guerra y posguerra, esas circunstancias son tan solo la excusa para mostrarnos el día a día y los entresijos de una familia en la época que les tocó vivir. Una historia no muy alegre, pero sí magistralmente escrita, muy emotiva, intensa y muy aconsejable.

"Todo parecía que iba a durar siempre, y todo se ha ido deprisa, sin dejar nada."

martes, 8 de septiembre de 2015

La vida de las paredes, de Sara Morante.

"Cuentan que en la calle Argumosa había una casa donde hay ahora un gran banco y una cafetería. Aquel edificio se levantaba por encima de tejados y chimeneas y estaba custodiado por cuatro gárgolas de piedra, una en cada esquina del tejado, con cuerpo de gato, rabo de demonio y cabeza de mono."


Supe de la existencia de Sara Morante allá por 2011, cuando me hice con un ejemplar del clásico de Hans Christian Andersen "Los zapatos rojos", ilustrado por ella. Desde entonces le he seguido la pista, por lo que cuando Lumen publicó "La vida de las paredes" tuve claro que lo leería.

 En esta ocasión Sara no solo ilustra, sino que escribe, y de qué forma, la historia de los habitantes de un edificio. Hace muchos años aprendí, por la lectura de "Historia de una escalera" (Buero Vallejo) y por la propia vida, que todo edificio tiene una historia, fundamentalmente la de sus habitantes, y eso es lo que encontraremos en esta lectura: el día a día de una comunidad de vecinos, sus luces y sus sombras, sus ilusiones, frustraciones, la soledad...


La autora nos lleva de su mano a cruzar esas paredes y conocer a la propietaria del edificio, a un matrimonio de conveniencia con un hijo charlatán, un paraguëro al que le gusta espiar a su vecina, una bordadora austera y sencilla, una peculiar musa, su artista y los porteros. El edificio, ese caserón de principios del siglo XX, es un personaje más, envolvente, incluso inquietante por momentos con sus perturbadoras gárgolas. La historia se torna en elgún momento en trágica y desgarradora, con acontecimientos y giros inesperados (en este sentido, recomiendo no leer la sinopsis), como la vida misma.

Destacable es también la maravillosa y cuidada edición en tapa dura con preciosas ilustraciones que te permiten visualizar la historia. El equilibrio entre estas y la narración, sencilla y poética a la vez, es perfecto.

 De obligada lectura, porque si las paredes hablasen... Magnífico debut de Sara Morante en lo que a narración se refiere.